Es propio del ser humano creerse merecedor de reconocimientos,
aunque sepa a ciencia cierta que no los merece. Los méritos
vienen por sí solos, no hay que ir detrás de ellos. Vivir para
alcanzar méritos es propio de mediocres, pues de nada vale
“triunfar” en un aspecto de la vida y descuidar otros más
importantes.
Sentir la necesidad de ser aceptado no es malo. El problema
radica, cuando se convierte en una obsesión el que se
reconozcan méritos que no se tienen. Existen personas expertas
en el arte de buscar reconocimientos, y que los plasmen en
títulos y placas para exhibirlos como trofeos.
Lo triste del caso, es que muchos de estos trofeos, ganados
en el campo de la habilidad y no en buena lid, es pura
apariencia que no refleja la realidad. Ante los ojos de Dios
las virtudes no necesitan ser expuestas en vitrinas para que
los incautos las contemplen.
Basta actuar conforme los designios de Dios, para quedar
satisfecho y libre del afán de ser reconocido. Es fuente de
sabiduría, abandonarse, para que sea la santidad que mueva a
crear cosas nuevas que favorezcan a los demás, sin ánimo de
ser reconocido por la obra realizada.
Mientras más se cacarean los propios méritos, menos
credibilidad tiene el promotor de estos. Con razón Dios se
resiste a los soberbios. Se dice que la soberbia es el peor de
los defectos y el más ridículo. En la soberbia está la raíz
del egoísmo.
Por esto el egoísta sólo valora lo que gira en torno a él. De
esta manera, el soberbio es enemigo de examinarse a sí mismo y
reconocer en que está fallando. Por esa razón, busca a toda
costa que otros reconozcan unos méritos que el mismo promotor
sabe que no tiene.
El remedio para combatir este defecto es la humildad,
efectivo, pero de difícil aplicación para el que lo padece.
Consiste en olvidarse de sí, sin llevar cuentas de las obras
que realiza. En fin, teniendo una sencillez interior, que
mueva a preocuparse por los demás sin esperar nada a cambio. |
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Cristino Comas Sánchez |
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Andrea Aqunnio |
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Fabio Ernesto Medina |
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Elaine de la Rosa |
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La
Comisión Nacional de Pastoral Juvenil
En la República Dominicana,
La Comisión Nacional de Pastoral Juvenil,
dependencia de la Conferencia del Episcopado
Dominicano y presidida por un Obispo, asiste y
orienta el trabajo juvenil, sin menoscabo de
la autonomía de cada diócesis.
La Comisión Nacional de
Pastoral Juvenil es un organismo de servicio,
promoción, coordinación y animación de la
Pastoral Juvenil a nivel nacional, a fin de
convocar a una tarea común a los responsables
diocesanos, responsables de movimientos,
asociaciones y congregaciones religiosas que
trabajan en el campo juvenil.
Este organismo debe motivar
la presencia y la participación de todos en
una pastoral orgánica.
La Comisión Nacional de
Pastoral Juvenil está regida por unos
estatutos aprobados por la Conferencia del
Episcopado Dominicano.
Nosotros estamos comprometods
conla construccón de la Civilización del amor.
Te invitamos a unir tus esfuezos al equipo de
Vivencias Juveniles.
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