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Si algo molestaba a Julio desde el momento en que la
conciencia se hizo presente en su vida, era que lo acusaran de
algo que no había cometido. Por esto, siempre le llamó la
atención el precepto del octavo mandamiento: no darás falso
testimonio contra tu prójimo (Exodo 20, 16). Hasta que maduró
y aceptó, que importaba poco lo que le atribuyeran o que
dijeran algo impropio de él. Pero un día llegó la gran prueba,
aquel en que fue objeto de la mayor infamia. Si bien le costó
superar esta iniquidad, con el tiempo, asimiló, que esto ya no
era su problema, sino de aquellos que en su afán desmedido de
protagonismo y de lucro, eran capaces de sustituir el Dios
verdadero por el Dios de sus intereses. Pero no todo quedó
ahí. El Señor le preparó, para que con la mayor serenidad
pudiera desprenderse del fardo tan pesado que es sentirse
ofendido por acusaciones pueriles y sin fundamento.
Comprendió, que sólo existe Uno que se convertirá en Juez
de sus actuaciones. Los juicios humanos carecen de
importancia, cuando estos sólo tienen la aviesa intención de
manchar reputaciones ajenas, sin medir las consecuencias que
puedan tener en los diferentes ámbitos que se desenvuelve la
persona afectada. No hay modo de parar esta corriente de
perversidad. No obstante, existe el arma más poderosa para
enfrentarla: ignorar a cualquier precio la ofensa recibida y
esperar pacientemente la respuesta del Señor ante cualquier
evento de esta naturaleza. Como aconseja Gracián, cerrar por
dentro con la llave del silencio. En la medida que hagamos
caso omiso a estas perversidades, nuestro corazón se acercará
más al Señor, que es a quien finalmente habrá que rendir
cuenta de lo que hemos hecho o dejado de hacer en esta vida
temporal. No obstante, es conveniente advertir el peligro tan
grande que corre un cristiano cuando falsea la verdad.
En la medida que busca como aliado la mentira, se va
perdiendo gradualmente la oportunidad de recuperar la verdad.
Por esto, hay que tener cuidado de no manchar reputaciones,
diciendo mentiras para quedar bien. Se sabe, que “la gravedad
de la mentira se mide según la naturaleza de la verdad que
deforma, según las circunstancias, las intenciones del que la
comete, y los daños padecidos por los que resultan
perjudicados”. A tantos años de distancia que ocurrieron estos
hechos, todavía espera pacientemente Julio por el deber de
reparación, aunque sus autores materiales y morales ya han
sido perdonados. |
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Cristino Comas Sánchez |
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Andrea Aqunnio |
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Fabio Ernesto Medina |
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Elaine de la Rosa |
Nuestra Infancia

La
Comisión Nacional de Pastoral Juvenil
En la República Dominicana,
La Comisión Nacional de Pastoral Juvenil,
dependencia de la Conferencia del Episcopado
Dominicano y presidida por un Obispo, asiste y
orienta el trabajo juvenil, sin menoscabo de
la autonomía de cada diócesis.
La Comisión Nacional de
Pastoral Juvenil es un organismo de servicio,
promoción, coordinación y animación de la
Pastoral Juvenil a nivel nacional, a fin de
convocar a una tarea común a los responsables
diocesanos, responsables de movimientos,
asociaciones y congregaciones religiosas que
trabajan en el campo juvenil.
Este organismo debe motivar
la presencia y la participación de todos en
una pastoral orgánica.
La Comisión Nacional de
Pastoral Juvenil está regida por unos
estatutos aprobados por la Conferencia del
Episcopado Dominicano.
Nosotros estamos comprometods
conla construccón de la Civilización del amor.
Te invitamos a unir tus esfuezos al equipo de
Vivencias Juveniles.
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