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Punto de encuentro de los jóvenes del suroeste
de la República Dominicana |
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Vivencias para
Reflexionar |
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El adiós |
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Fuente:
www.listin.com.do |
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Autor: JUAN FRANCISCO PUELLO
HERRERA |
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Desde mis años de estudiante universitario
quedé impresionado por la obra literaria de Khalil
Gibran. Probablemente me identificaba con él por
mi descendencia libanesa. Como señala el
prologuista de sus obras completas, es fascinante
la profundidad de su pensamiento y su enfoque
místico de la vida en general, en particular para
aquellos que saben hasta qué punto el amor es
esencial en la vida del hombre y de la mujer y en
su destino. El poeta-profeta del Líbano realmente
fascina por su sencillez para decir las cosas. Su
obra maestra es El Profeta que ha sido
traducida a más de veinte idiomas. En uno de esos
momentos de ocio en la pensión donde vivía en el
año de 1968, llegó a mis manos un hermoso poema de
Gibran titulado El adiós que al no encontrarse en
la edición de las obras completas que poseo
transcribo, para que lo conserven por la sabiduría
que contiene. “Y entonces un hombre y una
mujer, tomados de la mano y con lágrimas en los
ojos, se acercaron y le dijeron: Háblanos del
adiós. Y él, mirándolos con ternura infinita
respondió: Así como no se encuentran cuando se
encuentran sus manos o se mezclan sus voces; sino
cuando sus corazones se unen y sus espíritus, se
hablan. Así, no se separan cuando parten
materialmente o cuando sus miradas se buscan sin
lograr hallarse o cuando sus manos no pueden darse
mutuamente calor; sino cuando un muro se levanta
entre sus corazones y cuando sus espíritus no
hablan ya más la misma lengua. El pájaro besa
suavemente la flor por un momento y, luego se
confunde con el cielo; y, sin embargo, ha dejado
en los pétalos el corazón del fruto del mañana. El
río toca las raíces de la planta que en él se
refleja y sigue su curso. Y, sin embargo, su agua
quedará en el árbol y se hará color y perfume en
sus flores. Así, si se han encontrado de verdad,
si sus almas se han fundido como el agua y el
árbol; el espacio y el tiempo no pueden
separarlos, porque lo mejor del uno florecerá en
el otro a través de las primaveras. Y el agua del
río, hecha savia en el árbol se elevará con él en
un cántico de gracias hacia el cielo. Y
cuando, en un futuro próximo o lejano, las manos
del Destino los pongan de nuevo frente a frente:
No dirán: “Te perdí y vuelvo a encontrarte”. Sino:
“Fuiste un sueño que vivió en mi para convertirse
en realidad”. Y, si han vivido a pesar de la
distancia y el tiempo, unidos el uno al otro, su
reencuentro no será el del viajero que vuelve a su
ciudad y la encuentra cambiada, sino como el de
aquel que besó los capullos de su jardín un
atardecer, soñó con ellos durante la noche y, al
despertar, los vio, con gozo, convertidos en
flores; o como el del que cerró un momento los
ojos velados por las lágrimas y, al volver a
abrirlos, halló al ser amado más bello, más puro y
más suyo. En verdad les digo que el adiós no
existe: si se pronuncia entre dos seres que nunca
se encontraron, es una palabra innecesaria; si se
dice entre dos seres que fueron uno, es una
palabra sin sentido. Porque, en el mundo real de
espíritu, solo hay encuentros y nunca despedidas.
Y, porque el recuerdo del ser amado crece en el
alma con la distancia, como el eco en las montañas
del crepúsculo”. El adiós Desde mis años de
estudiante universitario quedé impresionado por la
obra literaria de Khalil Gibran. Probablemente me
identificaba con él por mi descendencia libanesa.
Como señala el prologuista de sus obras completas,
es fascinante la profundidad de su pensamiento y
su enfoque místico de la vida en general, en
particular para aquellos que saben hasta qué punto
el amor es esencial en la vida del hombre y de la
mujer y en su destino. El poeta-profeta del Líbano
realmente fascina por su sencillez para decir las
cosas. Su obra maestra es El Profeta que ha sido
traducida a más de veinte idiomas. En uno de esos
momentos de ocio en la pensión donde vivía en el
año de 1968, llegó a mis manos un hermoso poema de
Gibran titulado “El adiós” que al no encontrarse
en la edición de las obras completas que poseo
transcribo, para que lo conserven por la sabiduría
que contiene. “Y entonces un hombre y una mujer,
tomados de la mano y con lágrimas en los ojos, se
acercaron y le dijeron: Háblanos del adiós. Y él,
mirándolos con ternura infinita respondió: Así
como no se encuentran cuando se encuentran sus
manos o se mezclan sus voces; sino cuando sus
corazones se unen y sus espíritus, se hablan. Así,
no se separan cuando parten materialmente o cuando
sus miradas se buscan sin lograr hallarse o cuando
sus manos no pueden darse mutuamente calor; sino
cuando un muro se levanta entre sus corazones y
cuando sus espíritus no hablan ya más la misma
lengua. El pájaro besa suavemente la flor por un
momento y, luego se confunde con el cielo; y, sin
embargo, ha dejado en los pétalos el corazón del
fruto del mañana. El río toca las raíces de la
planta que en él se refleja y sigue su curso. Y,
sin embargo, su agua quedará en el árbol y se hará
color y perfume en sus flores. Así, si se han
encontrado de verdad, si sus almas se han fundido
como el agua y el árbol; el espacio y el tiempo no
pueden separarlos, porque lo mejor del uno
florecerá en el otro a través de las primaveras. Y
el agua del río, hecha savia en el árbol se
elevará con él en un cántico de gracias hacia el
cielo. Y cuando, en un futuro próximo o
lejano, las manos del Destino los pongan de nuevo
frente a frente: No dirán: “Te perdí y vuelvo a
encontrarte”. Sino: “Fuiste un sueño que vivió en
mi para convertirse en realidad”. Y, si han vivido
a pesar de la distancia y el tiempo, unidos el uno
al otro, su reencuentro no será el del viajero que
vuelve a su ciudad y la encuentra cambiada, sino
como el de aquel que besó los capullos de su
jardín un atardecer, soñó con ellos durante la
noche y, al despertar, los vio, con gozo,
convertidos en flores; o como el del que cerró un
momento los ojos velados por las lágrimas y, al
volver a abrirlos, halló al ser amado más bello,
más puro y más suyo. En verdad les digo que el
adiós no existe: si se pronuncia entre dos seres
que nunca se encontraron, es una palabra
innecesaria; si se dice entre dos seres que fueron
uno, es una palabra sin sentido. Porque, en el
mundo real de espíritu, solo hay encuentros y
nunca despedidas. Y, porque el recuerdo del ser
amado crece en el alma con la distancia, como el
eco en las montañas del crepúsculo”. |
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Versión para imprimir |
Tomado de Listin Diario |
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Cristino Comas Sánchez |
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Andrea Aqunnio |
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Fabio Ernesto Medina |
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Elaine de la Rosa |
     
La
Comisión Nacional de Pastoral Juvenil
En la República Dominicana,
La Comisión Nacional de Pastoral Juvenil,
dependencia de la Conferencia del Episcopado
Dominicano y presidida por un Obispo, asiste y
orienta el trabajo juvenil, sin menoscabo de
la autonomía de cada diócesis.
La Comisión Nacional de
Pastoral Juvenil es un organismo de servicio,
promoción, coordinación y animación de la
Pastoral Juvenil a nivel nacional, a fin de
convocar a una tarea común a los responsables
diocesanos, responsables de movimientos,
asociaciones y congregaciones religiosas que
trabajan en el campo juvenil.
Este organismo debe motivar
la presencia y la participación de todos en
una pastoral orgánica.
La Comisión Nacional de
Pastoral Juvenil está regida por unos
estatutos aprobados por la Conferencia del
Episcopado Dominicano.
Nosotros estamos comprometods
conla construccón de la Civilización del amor.
Te invitamos a unir tus esfuezos al equipo de
Vivencias Juveniles.
Pase por el tablero y déjenos un
mensaje
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