El término variedades (espectáculo) viene a
cuento, para examinar cuál ha sido la
contribución a la sociedad de determinadas
personas que vemos en el medio social, cuyas
actuaciones guardan íntima relación con la
teatralidad de sus vidas.
Las vivencias acumuladas en diferentes
épocas, permiten valorar el comportamiento de
estos personajes, en los que se aprecia la
banalidad de ese comportamiento.
Esta variopinta de personas, con su forma
típica de presentarse ante los demás, merecerían
ser analizados de manera general, sin embargo,
dado que se identifican más por las habilidades
que por méritos propios, los mismos pueden ser
objeto de una clasificación enunciativa.
A modo de ejemplo, veamos algunos ejemplos
que permiten apreciar estas características: El
“idiomático”: Este personaje exhibe como único
recurso para impresionar a otros, el dominio de
un idioma (generalmente el inglés) pero cuidado
con sacarlo de ese campo porque sus
conocimientos se limitan sólo a hablar ese
idioma.
El guardaespaldas: Su mayor logro ha sido
obtener un permiso para portar un arma de fuego,
cuando alguien pregunta a qué se dedica o qué
estudió, la respuesta es negativa, pero que
tiene un arma de fuego.
El extranjero: Este llegó hace muchos años de
otro continente, se instaló y se adaptó al país
que lo acogió, tiene un acento peculiar y hasta
cae simpático, esto sólo bastó para que se le
abrieran las puertas sin cuestionamientos de
ningún tipo.
El rubio: Su piel blanca y cabellos rubios
fueron su pasaporte para entrar en sitios
exclusivos en el país de las “maravillas”,
percibió de inmediato que en esa nación no
necesitaba de ninguna otra condición para
triunfar, a partir que descubrió ese trato
preferencial esta fue su única profesión.
El ponedor de apodos: Desde su llegada a
aquel pueblo, no hizo otra cosa que poner apodos
a los lugareños y adornar con anillos su
bicicleta, fue su único aporte a la comunidad.
El aprovechador: Que sin trabajar, se pega como
una lapa a un amigo o pariente que sobresale en
una actividad determinada, cosecha por rebote,
fama y fortuna, y sin responsabilidad alguna
disfruta al máximo de lo que ha hecho otro.
Lo curioso es, que no debe extrañar, que con
estas credenciales, en un país muy especial,
aparezca una calle con el nombre de estos
munícipes, reconociendo sus aportes a la
sociedad.