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Compartiendo el pan de la Palabra

 

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Solemnidad

Jueves, 7 de junio de 2007

"Cuerpo y Sangre de Cristo"

Lectuas para hoy

"Cuerpo y Sangre de Cristo"ENTRADA

Todas las personas que pertenecemos a la comunidad cristiana formamos parte del cuerpo de Jesucristo, que es la I­glesia. La comunidad es como un cuerpo que tiene muchos miembros. Cada miembro está llamado a aportar su trabajo para la realización de la misión que le ha sido encomendado por Dios a su Iglesia.

Esa comunidad se alimenta con el Cuerpo y la Sangre de Cristo para for­talecer su unidad y para realizar con decisión y entrega la misión evangeliza­dora y de promoción humana que le ha sido encomendada.

1ªL: Génesis 14,18-20: Melquisedec bendijo a Abrahán.

I:          Abraham llamado por Dios para salir de su tierra e irse a la Tierra de la promesa. Después de la victoria es bendecido por Melquisedec (rey de la justicia) que era rey y sacerdote de Salem.

T:         En aquellos días Melquisedec, rey de Salem, trajo pan y vino, pues era sacerdote del "Dios Altísimo". Melquisedec bendijo a Abrahán, dicien­do: "Abrahán, bendito seas del Dios Altísimo, Creador del cielo y de la tie­rra. Y bendito sea el Dios Altísimo, porque puso a tus enemigos en tus manos". Y Abrahán le dio la décima parte de todo lo que llevaba.

Salmo 109: Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec

*          Palabra del Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, en tanto que coloco a tus contrarios por piso de tus pies.

*          Es tuyo el señorío, el día de tu triunfo, tú que te vistes de gloria y santidad. Yo te he engendrado, dice el Señor, como el rocío antes de la aurora.

*          El Señor lo ha jurado y no se arrepiente: "Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec".

2ªL: 1ª Corintios 11,23-26: Hagan esto en memoria mía

I: Pablo, en su carta a los Corintios, da algunas recomendaciones sobre cómo deben celebrar la Cena del Señor. Parece ser que algunos/as no espe­raban a los hermanos y hermanas para comenzar a comerse la cena; otros comían demasiado y no compartían con los más pobres. Por todo esto Pablo les recuerda las pala­bras pronunciadas por Jesús sobre el pan y el vino, y les invita a celebrar la Cena del Señor de una forma correcta, haciendo memoria de la muerte y resurrec­ción de Jesús, y compartiendo solidariamente con los hermanos y hermanas.

T:         Hermanas y hermanos: Yo recibí del Señor mismo lo que a mi vez les he enseñado. Que el Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó el pan, y después de dar gracias lo partió, diciendo: "Esto es mi cuerpo que es entregado por ustedes: hagan esto en memoria mía". De la misma manera, tomando la copa después de haber cenado dijo: "Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre. Siempre que beban de ella, háganlo en memoria mía". Así, pues, cada vez que comen de este pan y beben de la copa, están anunciando la muerte del Señor hasta que venga.

3ªEv. Lucas 9,11-17. Todos comieron cuanto quisieron y se reco­gieron doce ca­nastos de sobras.

I:          Durante su vida pública Jesús iba anunciando el Evangelio y realizando milagros y prodigios que demostraban la verdad de lo que él anunciaba. Y es que un hecho bueno dice más que mil palabras. Jesús multiplica el pan y da de comer a la gente. Es una muestra de su preocupación de todas las necesidades del ser humano. Además de mostrar un camino a seguir para combatir el hambre: la solidaridad.

T:         En aquel tiempo, Jesús se puso a hablar a la gente del Reino de Dios, y devolvió la salud a los que necesitaban curación. El día comenzaba a decli­nar. Los Doce se acercaron para decirle: "despide a la gente. Que vayan a las aldeas y pueblecitos de los alrededores en busca de alojamiento y comida, por­que aquí estamos en un lugar solitario". Jesús les contestó: "Denles ustedes mismos de comer". Ellos dijeron: "No tenemos más que cinco panes y dos pesca­dos, a menos que fuéramos nosotros mismos a comprar alimento para todo este gentío". Porque había unos cinco mil hombres. Pero Jesús dijo a sus discípu­los: "Háganlos sentarse en grupos de cincuenta". Así hicieron los discípulos, y todos se sentaron. Jesús entonces tomó los cinco panes y los dos pescados, levantó los ojos al cielo, dijo la bendición, los partió y se los entregó a sus discípulos para que se los distribuyeran a la gente. Todos comieron cuanto quisieron y se recogieron doce canastos de sobras.

Ideas para la reflexión comunitaria

1.                  ¿Por qué el Proyecto de Dios exige anuncio de la Palabra y acciones solidarias?

2.                  ¿Por qué se hace necesario compartir lo que se es y lo que se tiene?

3.                  ¿Por qué debemos mantener viva la memoria de la liberación?

1. Anuncio del Proyecto de Dios y acciones solidarias

En el evangelio de Lucas nos dice que al volver de una misión que Jesús había encomendado a 12 de sus seguidores él se reúne con ellos en una ciudad llamada Betsaida, situada al lado del lago de Galilea. Posiblemente quería evaluar con ellos la misión realizada. Sin embargo la gente no los deja tranquilos.

Ante la presencia de la multitud, Jesús no se molesta por tener que cambiar sus planes. El acoge a la gente y les anuncia lo central de ese mensaje: El Reino de Dios. Son gente pobre y marginada. Y no solamente hay anuncio, sino que hay acciones concretas que acompañan la proclamación del Evangelio. Y es que el Proyecto de Dios, el Reino,  es Palabra de esperanza y acciones solidarias en favor de las y los más humildes, débiles y empobrecidos/as.

Como comunidad de fe debemos tener la conciencia de ser testigos y testigas de Jesús y colaboradores de su Proyecto, en el anuncio continuo de su mensaje, que vaya acompañado con acciones solidarias concretas. Por eso, en nuestras comunidades cristianas tenemos que preocuparnos por la salud del pueblo, por la alimentación, por la educación... es decir, acciones concretas que expresan nuestro compromiso con el Proyecto de Dios y las necesidades de la gente.

2. La exigencia de compartir lo que se es y lo que se tiene

Después de volver de la misión que Jesús les había encomendado, las y los discípulos de Jesús estaban probablemente cansados y querían poner fin a la jornada para descansar un poco. Por eso proponen a Jesús que despida a la gente que lo seguía para que buscasen alojamiento y comida en los pueblos cercanos. Sin embargo Jesús tiene otra cosa en mente. A las y los seguidores de Jesús les toca en ese momento organizarse para dar de comer a la gente; eso forma parte del anuncio del Proyecto de Dios. Por eso Jesús dice directamente: “Denles ustedes mismos de comer”.

La negativa de los discípulos de Jesús está guiada por una lógica ordinaria y simplista: no tienen ni alimento ni probablemente dinero: lo sentimos mucho pero no podemos dirían ellos. Piensan como la gente que viven en medio de un sistema social injusto. En esa sociedad la única forma de conseguir el alimento es yendo a comprarlo a aquellas personas que han almacenado la comida o que han acaparado los recursos y riquezas que pertenecen a la mayoría. Pero Jesús les invita a compartir desde lo poco que se tiene. Es un gesto que no tiene límites, el amor es siempre abundante y ordenado: la gente debe acomodarse en “grupos de unos cincuenta”.

Jesús entonces, después que bendice  los 5 panes y los dos pescados, entrega el alimento multiplicado para que sus discípulos/as los repartan a la gente. La multitud come a gusto; las y los hambrientos son saciados. Y de esa manera el alimento compartido pasa a ser otro signo del Proyecto de Dios, porque de él depende la vida. Las personas que comieron fueron 5 mil hombres, sin contar las mujeres, las niñas y los niños. Quizás no importa el número exacto, pero si que fueron muchos/as.

El alimento no sólo da para todas las personas, sino que hasta sobra: 12 canastos, cifra simbólica para indicar que hay alimento en abundancia para todo el pueblo.

Este texto de la multiplicación de los panes desafía nuestra fe y creatividad. Lo más fácil es decir que no podemos responder al hambre que hay en nuestras comunidades, en nuestro país, diciendo que no tenemos de donde dar. Pero el texto nos propone un palabra mágica: compartir. Desde lo poco que se tiene si se comparte, ahí tendremos un signo del Reino. Es una actitud que la experimentan sobre todo las personas más débiles y marginadas de nuestras comunidades. Pero es una actitud que debemos acompañar con una lucha continua y consciente por cambiar las estructuras sociales injustas, que permiten que unos tengan muchos alimentos almacenados, otros desperdicien, mientras otros y otras pasan hambre.     

3. Mantener viva la memoria de la liberación: pan y vino

Vino y pan se convierten en la memoria de la última cena de Jesús con sus discípulos y discípulas, porque vino y pan son alimentos básicos del pueblo de Jesús. Cuando Abrahán encuentra a Melquisedec comparten el pan y el vino, como signo de amistad y de bendición. Ese fue el signo que Jesús escogió para hacerse presente en medio de nosotros y nosotras que somos su pueblo. Jesús cenó con sus discípulos y discípulas y la memoria y renovación de esa Cena mantiene viva, en la comunidad cristiana, la vida que el Señor entregó por nosotros/as haciendo definitiva la Resurrección.

Cada vez que celebramos la Cena del Señor, recordamos y hacemos presente  la entrega de Jesús por nosotros y nosotras. Por eso se señala que su cuerpo es entregado por nosotros y que la sangre se de­rrama para el perdón de los pecados, para liberarnos de la esclavitud. Es  una muerte y un sacrificio que adquiere sentido, por que se hace por amor.

Como creyentes y como comunidad de fe debemos valorar la entrega de Jesús por su pueblo y tomar conciencia de que sólo vale la pena sacrificarse cuando el sacrificio que hacemos trae la vida a las y los demás. Por eso, no tienen sentido los sacrificios que son im­puestos por algunas personas de esta sociedad, que ponen sobre los hombros de la gente cargas insoportables con el único objetivo de acumular más bienes en sus cuentas bancarias y permitir que unos cuantos acapa­ren los recursos que pertenecen a todos y todas. Por esta conciencia debemos denunciar esa situación y trabajar para que cambien las reglas de juego de la sociedad para permitir que el alimento sea mejor repartido.

Lo que pasaba en la comunidad de Corintio nos debe poner en alerta para no pensar que no todo es color rosa en las comunidades creyentes. Las desigualdades sociales se manifiestan al interno: parece que cada persona traía sus alimentos y luego eran compartidos; pero algunos se adelantaban y se comían todo lo que habían traído. Así, cuando llegaban los últimos, probablemente los más pobres, no quedaba mucho para compartir.

Hoy también podemos estar celebrando la Cena del Señor como un rito vacío, sin pre­ocuparnos mucho por la suerte de las y los hermanos más necesitados. Cuando esto sucede, la celebra­ción que hacemos pierde su carácter de encuentro fraterno y se convierte en una farsa. Por esto es necesario que nuestras celebraciones sean realmente fraternas, reunión de personas que viven entre ellas el mandamiento del amor y que están empeñadas en la realización de compromisos concretos de pro­moción humana y de defensa de la vida, allí en donde ésta esté amenaza­da por el desarrollo de injusticias.

Para la revisión personal

¿Estoy dispuesto o dispuesta, al participar en la celebración de la Cena del Señor, a asumir las palabras de Jesús: “Tomen y coman, éste e mi cuerpo...”, poniéndome en disposición de servir a mis hermanos y hermanas? ¿Estoy sentado o sentada, participo en alguno de los “grupos de cincuenta” para reflexionar qué hacer ante el hambre del pueblo?

Para la Oración Universal

1. Pidamos para que podamos ser personas que trabajemos en la construcción de una sociedad donde no falte el pan necesario de cada día. Oremos…

2. Que como comunidad de fe seamos capaces de celebrar la Santa Cena como prolongación de lo que vivimos en nuestros grupos y espacios, que a nadie le falte lo necesario, ni que nadie acapare lo que otro necesita.   Oremos…

3. Que el servicio espontáneo sea signo maduro de nuestra opción por el Reino. Oremos…

 Exhortación final

En este día que celebramos la fiesta del Cuerpo del Señor, descubrimos la necesidad de seguir anunciando el proyecto de Dios y acompañando la proclamación con obras concretas de solidaridad. Se nos invita a compartir desde lo poco que tenemos con la conciencia de que cuando se comparte el alimento éste alcanza para todos y todas y hasta sobra. En el memorial de la celebración de la Cena del Señor al utilizar los signos de Pan y vino hacemos memoria de Jesús y de su entrega por nosotros y nosotras. Por eso nuestras celebraciones tienen que ser compartidas por personas que verdaderamente estén comprometidas con el Proyecto de Dios.

Resucitó ¡Aleluya!
Y habitó entre nosotros
Tu palabra me da vida

 

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