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ENTRADA
Todas las
personas que pertenecemos a la comunidad cristiana formamos
parte del cuerpo de Jesucristo, que es la Iglesia. La
comunidad es como un cuerpo que tiene muchos miembros. Cada
miembro está llamado a aportar su trabajo para la realización
de la misión que le ha sido encomendado por Dios a su Iglesia.
Esa comunidad
se alimenta con el Cuerpo y la Sangre de Cristo para
fortalecer su unidad y para realizar con decisión y entrega
la misión evangelizadora y de promoción humana que le ha sido
encomendada.
1ªL: Génesis 14,18-20: Melquisedec bendijo a Abrahán.
I:
Abraham llamado por Dios para salir de su tierra e irse a la
Tierra de la promesa. Después de la victoria es bendecido por
Melquisedec (rey de la justicia) que era rey y sacerdote de
Salem.
T: En
aquellos días Melquisedec, rey de Salem, trajo pan y vino,
pues era sacerdote del "Dios Altísimo". Melquisedec bendijo a
Abrahán, diciendo: "Abrahán, bendito seas del Dios Altísimo,
Creador del cielo y de la tierra. Y bendito sea el Dios
Altísimo, porque puso a tus enemigos en tus manos". Y Abrahán
le dio la décima parte de todo lo que llevaba.
Salmo 109: Tú eres sacerdote eterno, según el rito de
Melquisedec
*
Palabra del Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, en tanto
que coloco a tus contrarios por piso de tus pies.
* Es
tuyo el señorío, el día de tu triunfo, tú que te vistes de
gloria y santidad. Yo te he engendrado, dice el Señor, como el
rocío antes de la aurora.
* El
Señor lo ha jurado y no se arrepiente: "Tú eres sacerdote
eterno, según el rito de Melquisedec".
2ªL: 1ª Corintios 11,23-26: Hagan esto en memoria mía
I: Pablo, en
su carta a los Corintios, da algunas recomendaciones sobre
cómo deben celebrar la Cena del Señor. Parece ser que
algunos/as no esperaban a los hermanos y hermanas para
comenzar a comerse la cena; otros comían demasiado y no
compartían con los más pobres. Por todo esto Pablo les
recuerda las palabras pronunciadas por Jesús sobre el pan y
el vino, y les invita a celebrar la Cena del Señor de una
forma correcta, haciendo memoria de la muerte y resurrección
de Jesús, y compartiendo solidariamente con los hermanos y
hermanas.
T:
Hermanas y hermanos: Yo recibí del Señor mismo lo que a mi vez
les he enseñado. Que el Señor Jesús, la noche en que fue
entregado, tomó el pan, y después de dar gracias lo partió,
diciendo: "Esto es mi cuerpo que es entregado por ustedes:
hagan esto en memoria mía". De la misma manera, tomando la
copa después de haber cenado dijo: "Esta copa es la Nueva
Alianza en mi sangre. Siempre que beban de ella, háganlo en
memoria mía". Así, pues, cada vez que comen de este pan y
beben de la copa, están anunciando la muerte del Señor hasta
que venga.
3ªEv. Lucas 9,11-17. Todos comieron cuanto quisieron y se
recogieron doce canastos de sobras.
I:
Durante su vida pública Jesús iba anunciando el Evangelio y
realizando milagros y prodigios que demostraban la verdad de
lo que él anunciaba. Y es que un hecho bueno dice más que mil
palabras. Jesús multiplica el pan y da de comer a la gente. Es
una muestra de su preocupación de todas las necesidades del
ser humano. Además de mostrar un camino a seguir para combatir
el hambre: la solidaridad.
T: En
aquel tiempo, Jesús se puso a hablar a la gente del Reino de
Dios, y devolvió la salud a los que necesitaban curación. El
día comenzaba a declinar. Los Doce se acercaron para decirle:
"despide a la gente. Que vayan a las aldeas y pueblecitos de
los alrededores en busca de alojamiento y comida, porque aquí
estamos en un lugar solitario". Jesús les contestó: "Denles
ustedes mismos de comer". Ellos dijeron: "No tenemos más que
cinco panes y dos pescados, a menos que fuéramos nosotros
mismos a comprar alimento para todo este gentío". Porque había
unos cinco mil hombres. Pero Jesús dijo a sus discípulos:
"Háganlos sentarse en grupos de cincuenta". Así hicieron los
discípulos, y todos se sentaron. Jesús entonces tomó los cinco
panes y los dos pescados, levantó los ojos al cielo, dijo la
bendición, los partió y se los entregó a sus discípulos para
que se los distribuyeran a la gente. Todos comieron cuanto
quisieron y se recogieron doce canastos de sobras.
Ideas para la reflexión comunitaria
1.
¿Por qué el Proyecto de Dios exige anuncio de la
Palabra y acciones solidarias?
2.
¿Por qué se hace necesario compartir lo que se es y lo
que se tiene?
3.
¿Por qué debemos mantener viva la memoria de la
liberación?
1.
Anuncio del Proyecto de Dios y acciones
solidarias
En el
evangelio de Lucas nos dice que al volver de una misión que
Jesús había encomendado a 12 de sus seguidores él se reúne con
ellos en una ciudad llamada Betsaida, situada al lado del lago
de Galilea. Posiblemente quería evaluar con ellos la misión
realizada. Sin embargo la gente no los deja tranquilos.
Ante la
presencia de la multitud, Jesús no se molesta por tener que
cambiar sus planes. El acoge a la gente y les anuncia lo
central de ese mensaje: El Reino de Dios. Son gente pobre y
marginada. Y no solamente hay anuncio, sino que hay acciones
concretas que acompañan la proclamación del Evangelio. Y es
que el Proyecto de Dios, el Reino, es Palabra de esperanza y
acciones solidarias en favor de las y los más humildes,
débiles y empobrecidos/as.
Como
comunidad de fe debemos tener la conciencia de ser testigos y
testigas de Jesús y colaboradores de su Proyecto, en el
anuncio continuo de su mensaje, que vaya acompañado con
acciones solidarias concretas. Por eso, en nuestras
comunidades cristianas tenemos que preocuparnos por la salud
del pueblo, por la alimentación, por la educación... es decir,
acciones concretas que expresan nuestro compromiso con el
Proyecto de Dios y las necesidades de la gente.
2.
La exigencia de compartir lo que se es y lo que
se tiene
Después de
volver de la misión que Jesús les había encomendado, las y los
discípulos de Jesús estaban probablemente cansados y querían
poner fin a la jornada para descansar un poco. Por eso
proponen a Jesús que despida a la gente que lo seguía para que
buscasen alojamiento y comida en los pueblos cercanos. Sin
embargo Jesús tiene otra cosa en mente. A las y los seguidores
de Jesús les toca en ese momento organizarse para dar de comer
a la gente; eso forma parte del anuncio del Proyecto de Dios.
Por eso Jesús dice directamente: “Denles ustedes mismos de
comer”.
La negativa
de los discípulos de Jesús está guiada por una lógica
ordinaria y simplista: no tienen ni alimento ni probablemente
dinero: lo sentimos mucho pero no podemos dirían ellos.
Piensan como la gente que viven en medio de un sistema social
injusto. En esa sociedad la única forma de conseguir el
alimento es yendo a comprarlo a aquellas personas que han
almacenado la comida o que han acaparado los recursos y
riquezas que pertenecen a la mayoría. Pero Jesús les invita a
compartir desde lo poco que se tiene. Es un gesto que no tiene
límites, el amor es siempre abundante y ordenado: la gente
debe acomodarse en “grupos de unos cincuenta”.
Jesús
entonces, después que
bendice
los 5 panes y los dos pescados, entrega el alimento multiplicado para
que sus discípulos/as los repartan a la gente. La multitud
come a gusto; las y los hambrientos son saciados. Y de esa
manera el alimento compartido pasa a ser otro signo del
Proyecto de Dios, porque de él depende la vida. Las personas
que comieron fueron 5 mil hombres, sin contar las mujeres, las
niñas y los niños. Quizás no importa el número exacto, pero si
que fueron muchos/as.
El alimento
no sólo da para todas las personas, sino que hasta sobra: 12
canastos, cifra simbólica para indicar que hay alimento en
abundancia para todo el pueblo.
Este texto de
la multiplicación de los panes desafía nuestra fe y
creatividad. Lo más fácil es decir que no podemos responder al
hambre que hay en nuestras comunidades, en nuestro país,
diciendo que no tenemos de donde dar. Pero el texto nos
propone un palabra mágica: compartir. Desde lo poco que se
tiene si se comparte, ahí tendremos un signo del Reino. Es una
actitud que la experimentan sobre todo las personas más
débiles y marginadas de nuestras comunidades. Pero es una
actitud que debemos acompañar con una lucha continua y
consciente por cambiar las estructuras sociales injustas, que
permiten que unos tengan muchos alimentos almacenados, otros
desperdicien, mientras otros y otras pasan hambre.
3.
Mantener viva la memoria de la liberación: pan
y vino
Vino y pan se
convierten en la memoria de la última cena de Jesús con sus
discípulos y discípulas, porque vino y pan son alimentos
básicos del pueblo de Jesús. Cuando Abrahán encuentra a
Melquisedec comparten el pan y el vino, como signo de amistad
y de bendición. Ese fue el signo que Jesús escogió para
hacerse presente en medio de nosotros y nosotras que somos su
pueblo. Jesús cenó con sus discípulos y discípulas y la
memoria y renovación de esa Cena mantiene viva, en la
comunidad cristiana, la vida que el Señor entregó por
nosotros/as haciendo definitiva la Resurrección.
Cada vez que
celebramos la Cena del Señor, recordamos y hacemos presente
la entrega de Jesús por nosotros y nosotras. Por eso se señala
que su cuerpo es entregado por nosotros y que la sangre se
derrama para el perdón de los pecados, para liberarnos de la
esclavitud. Es una muerte y un sacrificio que adquiere
sentido, por que se hace por amor.
Como
creyentes y como comunidad de fe debemos valorar la entrega de
Jesús por su pueblo y tomar conciencia de que sólo vale la
pena sacrificarse cuando el sacrificio que hacemos trae la
vida a las y los demás. Por eso, no tienen sentido los
sacrificios que son impuestos por algunas personas de esta
sociedad, que ponen sobre los hombros de la gente cargas
insoportables con el único objetivo de acumular más bienes en
sus cuentas bancarias y permitir que unos cuantos acaparen
los recursos que pertenecen a todos y todas. Por esta
conciencia debemos denunciar esa situación y trabajar para que
cambien las reglas de juego de la sociedad para permitir que
el alimento sea mejor repartido.
Lo que pasaba
en la comunidad de Corintio nos debe poner en alerta para no
pensar que no todo es color rosa en las comunidades creyentes.
Las desigualdades sociales se manifiestan al interno: parece
que cada persona traía sus alimentos y luego eran compartidos;
pero algunos se adelantaban y se comían todo lo que habían
traído. Así, cuando llegaban los últimos, probablemente los
más pobres, no quedaba mucho para compartir.
Hoy también podemos estar celebrando la Cena del
Señor como un rito vacío, sin preocuparnos mucho por la
suerte de las y los hermanos más necesitados. Cuando esto
sucede, la celebración que hacemos pierde su carácter de
encuentro fraterno y se convierte en una farsa. Por esto es
necesario que nuestras celebraciones sean realmente fraternas,
reunión de personas que viven entre ellas el mandamiento del
amor y que están empeñadas en la realización de compromisos
concretos de promoción humana y de defensa de la vida, allí
en donde ésta esté amenazada por el desarrollo de
injusticias.
Para la revisión personal
¿Estoy dispuesto o dispuesta, al participar en la
celebración de la Cena del Señor, a asumir las palabras de
Jesús: “Tomen y coman, éste e mi cuerpo...”, poniéndome en
disposición de servir a mis hermanos y hermanas? ¿Estoy
sentado o sentada, participo en alguno de los “grupos de
cincuenta” para reflexionar qué hacer ante el hambre del
pueblo?
Para la Oración Universal
1. Pidamos para que podamos ser personas
que trabajemos en la construcción de una sociedad donde no
falte el pan necesario de cada día. Oremos…
2. Que como
comunidad de fe seamos capaces de celebrar la Santa Cena como
prolongación de lo que vivimos en nuestros grupos y espacios,
que a nadie le falte lo necesario, ni que nadie acapare lo que
otro necesita. Oremos…
3. Que el
servicio espontáneo sea signo maduro de nuestra opción por el
Reino. Oremos…
Exhortación
final
En este día que celebramos la fiesta del Cuerpo del
Señor, descubrimos la necesidad de seguir anunciando el
proyecto de Dios y acompañando la proclamación con obras
concretas de solidaridad. Se nos invita a compartir desde lo
poco que tenemos con la conciencia de que cuando se comparte
el alimento éste alcanza para todos y todas y hasta sobra. En
el memorial de la celebración de la Cena del Señor al utilizar
los signos de Pan y vino hacemos memoria de Jesús y de su
entrega por nosotros y nosotras. Por eso nuestras
celebraciones tienen que ser compartidas por personas que
verdaderamente estén comprometidas con el Proyecto de Dios. |