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Ajena a la evolución económica y social del
resto del américa latina, y aún más del
llamado mundo capitalista desarrollado,
nuestra sociedad está articulada en un
ideario de castas sociales basadas en el
“allante” y el peculado |
Quien no dedica tiempo y energía para
comprender “lo que no se ve” en una sociedad nunca podrá
explicar “lo que se ve”, y mucho menos podrá realizar acciones
significativas para transformarla positivamente.
La falta de valores como la justicia, la solidaridad y la
tolerancia, aunados a la carencia de una comprensión de la
sociedad donde vive, lleva a muchos hombres y mujeres a
dedicar su vida entera a acumular riquezas mediante la
explotación de sus semejantes o el usufructo de bienes
públicos, sosteniendo a su vez un discurso -¡vaya
contradicción!- de redención religiosa o liberación secular.
En el caso dominicano encuentra esta situación tan
generalizada un diagnóstico genial en la obra de Juan Bosch.
Un texto, poco leído, titulado: “Trujillo, causas de una
tiranía sin ejemplo”, tiene una primera sección, que a su vez
consta de cuatro capítulos, denominada “El origen
psicológico”.
En esos capítulos Bosch analiza la mentalidad de la sociedad
dominicana formada (mejor dicho deformada) a partir del mismo
origen de la colonia española de Santo Domingo.
Ajena a la evolución económica y social del resto de América
Latina y aún más del llamado mundo capitalista desarrollado,
nuestra sociedad está articulada en un ideario de castas
sociales basadas en el “allante” y el peculado.
Se ha cultivado un odio ancestral al trabajo tesonero (con el
emblemático Negrito del Batey), al ahorro y la negritud. Los
“de segunda”, que en textos posteriores Bosch los equipara con
gran parte de la “pequeña burguesía”, anhelan alcanzar el
estatus del mítico grupo “de primera” para poder ser “gente”,
ser importantes, “de sociedad”.
Para lograrlo “todo vale”, ya que la neurosis colectiva de
semejante modelo social torna en irrelevante la ética, el
conocimiento y la integridad (en el orden personal, ciudadano
y profesional).
Entender ese rasgo de deformidad societal explica en gran
medida la falta de respeto por la ley, la descomposición de
los partidos políticos, la extensa mediocridad del ejercicio
profesional y la hostilidad hacia la productividad como
indicador de producción.
Expresiones sociales como la obsesión por las yipetas, los
colegios bilingües y la visa americana, por poner tres
ejemplos, muestran dos símbolos de “los de segunda” intentando
pasar a ser “de primera”. ¡Gran sabio era Don Juan! Por eso se
lee tan poco. |
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Cristino Comas Sánchez |
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Andrea Aqunnio |
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Fabio Ernesto Medina |
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Elaine de la Rosa |
     
La
Comisión Nacional de Pastoral Juvenil
En la República Dominicana,
La Comisión Nacional de Pastoral Juvenil,
dependencia de la Conferencia del Episcopado
Dominicano y presidida por un Obispo, asiste y
orienta el trabajo juvenil, sin menoscabo de
la autonomía de cada diócesis.
La Comisión Nacional de
Pastoral Juvenil es un organismo de servicio,
promoción, coordinación y animación de la
Pastoral Juvenil a nivel nacional, a fin de
convocar a una tarea común a los responsables
diocesanos, responsables de movimientos,
asociaciones y congregaciones religiosas que
trabajan en el campo juvenil.
Este organismo debe motivar
la presencia y la participación de todos en
una pastoral orgánica.
La Comisión Nacional de
Pastoral Juvenil está regida por unos
estatutos aprobados por la Conferencia del
Episcopado Dominicano.
Nosotros estamos comprometods
conla construccón de la Civilización del amor.
Te invitamos a unir tus esfuezos al equipo de
Vivencias Juveniles.
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