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Si la universidad en lugar de ser factor
de cambio, tanto en su seno como hacia la sociedad en conjunto, se
deja moldear por los defectos y trabas de su entorno, pierde su
razón de existir |
La modernidad trajo en sus alforjas la fe en el cambio. Luego
de siglos, en la Europa Occidental, de suponer que el mundo natural
y social era estático, a lo sumo corregible en ciertos aspectos,
redimible en cuanto producto del pecado, pero indudablemente fijo.
Suponían los hijos del medioevo que el orden de la
sociedad y de los fenómeno naturales estaban dispuestos así por su
Creador y que los “pequeños defectos” eran debido a la condición
falible de los seres humanos. Criticarlos en exceso no
es razonable, ya que fueron producto, al igual que lo somos
nosotros, del ordenamiento económico y social que les llevó a
semejantes creencias, patrones culturales y concepciones
ideológicas.
Hoy se demanda gran estulticia o
ingenuidad para defender un orden estático. Ciencia, cultura,
tecnología, economía, patrones sociales y ordenamientos políticos
están en constante transformación. La hermenéutica nos
devela la necesidad que tiene todo discurso de ser recibido
críticamente, la convicción de que es posible mejorar nuestra
situación social y personal es respaldada por la ciencia de punta y
la valentía con que se defiende el derecho a participar de todos en
todas las facetas del quehacer humano. El cambio es la norma, nadie
lo duda.
Las direcciones de los cambios (¡enfatizo su
plural!) nos convocan a la responsabilidad y el discernimiento de
los principios que perseguimos. Ganamos responsabilidad en esa tarea
quienes consagramos nuestra existencia al pensamiento y forjamos los
futuros profesionales y ciudadanos. Es decir, la
universidad, como espacio de creación, gestión, divulgación y
formación del conocimiento está obligada a procurar el cambio de la
sociedad en todas sus facetas, guiada por los valores que buscan la
mayor plenitud de la humanidad. No es una tarea que se
arrogue en solitario la universidad ya que el Estado, la sociedad
civil, las iglesias, las empresas y muchas organizaciones sin fines
de lucro se consideran responsables de algunas o todas esas tareas.
No olvidemos que se generaliza la convicción de que
existimos hoy día y hacia el futuro como Sociedad del Conocimiento.
Si la universidad en lugar de ser factor de cambio,
tanto en su seno como hacia la sociedad en conjunto, se deja moldear
por los defectos y trabas de su entorno, pierde su razón de existir.
¡Grave tarea que nos corresponde! No dejarnos moldear
por nuestro ambiente y transformarlo para mejor.
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Cristino Comas Sánchez |
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Andrea Aqunnio |
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Fabio Ernesto Medina |
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Elaine de la Rosa |
     
La
Comisión Nacional de Pastoral Juvenil
En la República Dominicana,
La Comisión Nacional de Pastoral Juvenil,
dependencia de la Conferencia del Episcopado
Dominicano y presidida por un Obispo, asiste y
orienta el trabajo juvenil, sin menoscabo de
la autonomía de cada diócesis.
La Comisión Nacional de
Pastoral Juvenil es un organismo de servicio,
promoción, coordinación y animación de la
Pastoral Juvenil a nivel nacional, a fin de
convocar a una tarea común a los responsables
diocesanos, responsables de movimientos,
asociaciones y congregaciones religiosas que
trabajan en el campo juvenil.
Este organismo debe motivar
la presencia y la participación de todos en
una pastoral orgánica.
La Comisión Nacional de
Pastoral Juvenil está regida por unos
estatutos aprobados por la Conferencia del
Episcopado Dominicano.
Nosotros estamos comprometods
conla construccón de la Civilización del amor.
Te invitamos a unir tus esfuezos al equipo de
Vivencias Juveniles.
Pase por el tablero y déjenos un
mensaje
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