La sociedad dominicana padece una crisis profunda en su capacidad de
entenderse, organizarse y proyectarse al futuro.
Los niveles tan
bajos de educación que tenemos y la honda separación entre una
mayoría empobrecida y una minoría encerrada en una sociedad de
consumo al estilo norteamericano, genera patrones de comportamiento
como la corrupción, la prevaricación de los bienes públicos y la
falta de un proyecto de sociedad integrador y equitativo.
A eso se refería Juan Bosch cuando hablaba de completar la obra
de Duarte y los Trinitarios. Proyecto que ninguna fuerza política o
social hoy defiende.
No extraña que tenga tantos adeptos la idea de excluir de la
nacionalidad dominicana a los que nacen en nuestro suelo sin ser
hijos de dominicanos y que la única vía de nacer dominicano o
dominicana sea por tener un padre o madre de dicha nacionalidad.
Semejante dislate únicamente es comprensible en el contexto de
los disparates que pueblan la mente de la mayor parte de nuestros
dirigentes que únicamente están interesados en amasar fortunas con
el sudor de los pobres.
Que en pleno siglo XXI se intente recuperar la idea de identidad
vinculada a una etnia, es decir, a una raza determinada (o en el
caso nuestro del mulataje tan amplio que tenemos) es un disparate.
Si lo vemos retrospectivamente Duarte y sus compañeros no podrían
ser dominicanos porque su nacionalidad antes de la independencia era
la haitiana, es decir, fue un grupo de haitianos quienes idearon y
ejecutaron nuestra Independencia.
Juan Bosch o José Francisco Peña Gómez tampoco hubiesen sido
dominicanos si el criterio fuera exclusivamente la sangre.
Un servidor tampoco sería dominicano y miles de hombres y mujeres
que han enriquecido la dominicanidad a niveles superiores.
Ser dominicano es una forma de ser educado y el amor que genera
esta tierra y su gente, no es la pertenencia a ninguna raza o etnia,
es una señal grave de cretinismo ideológico, social y político que
sea propuesta la exclusión de la nacionalidad por nacimiento en este
hermoso suelo, simplemente guiada por un irracional sentimiento de
xenofobia hacia los miles y miles de dominicanos y dominicanas de
ascendencia haitiana que mantienen excluidos de sus derechos como
seres humamos.
No creo que hayamos tocado fondo en esta degeneración social que
promueven las “fuerzas vivas” del país que medran del trabajo de las
“fuerzas muertas”.