Maura
emigró a Europa para dar a sus hijos la vida
que ella no tuvo, inmediatamente pudo se
llevó a los niños consigo, su situación
económica es ahora bastante desahogada, por
eso no entiende qué fue lo que llevó a su
vástago de nueve años a intentar suicidarse.
Desde el 2003 hasta ahora mil 243 personas se
han quitado la vida, entre esas, 858 jóvenes
cuyas edades oscilan entre 12 y 30 años, la
cifra representa un 69.02 por ciento de los
suicidios totales sucedidos en el país en ese
lapso.
La provincia con el mayor índice de esos
casos es Santo Domingo, 81 por ciento, seguida
del Distrito Nacional, 51 por ciento y
Santiago, 49 por ciento.
La región con el índice más alto es el
Norte, con 61.08%, seguida del Sur, 53 por
ciento, el Este tiene 49 por ciento y el
Noroeste 37 por ciento.
Pedernales, región Sur, es la única
provincia que no ha tenido suicidios en este
cuatrienio, en el que el 62 por ciento de los
suicidas actuó impulsado por problemas
personales en los que no estaba involucrado el
dinero, de hecho un 35 por ciento provenía de
familias acomodadas.
“El suicidio no es una cuestión íntimamente
relacionada a las condiciones económicas,
claro que esa es una causa pero no significa
que sea la principal”, explica el siquiatra
Carlos Arvelo, que indica que las principales
motivaciones para los suicidas son los
conflictos emocionales, entre los que se
cuentan una percepción de rechazo, que provoca
baja estima, y problemas pasionales.
Este cuatrimestre 67 dominicanos decidieron
no vivir más, 37 no rebasaron las tres
décadas.
El año pasado de los 416 suicidios
registrados, 249 fueron cometidos por
jóvenes, un 51por ciento, de los que 187
confesaron sentirse agobiados por sentimientos
de culpa, complejos de adolescencia no
superados y amores insatisfechos, uno mató
antes a su pareja y cinco lo hicieron en los
dos años anteriores.
Los datos suministrados por la Policía y
varios hospitales precisan que en el 2005 el
ahorcamiento ocupó el primer lugar en las
causas de esas muertes, de la generalidad de
los casos 231 se ahorcaron, de esos el 58 por
ciento tenía 30 años o menos.
Las armas más usadas fueron las de fuego,
111 varones y siete hembras perecieron por
impacto de balas; 73 hombres y 31 féminas se
envenenaron, 16 hombres se infirieron
puñaladas y 11 personas se tiraron de lugares
elevados.
El 2004, las víctimas fueron menos, 314,
pero hubo más jóvenes afectados, 193, para un
61.4 por ciento, el promedio de los métodos
usados varió poco. En el 2003 la cifra se
incrementó a 375, incluidos 246 jóvenes, un
65 por ciento.
Una realidad pasmosa
La situación ha provocado la reacción de
diversos sectores. “Estamos impulsando
programas tendentes a hacer que el joven se
asuma como un ente valioso”, explica Luis
Rosario, coordinador de la Pastoral Juvenil.
Igual habla Manuel Gil, pastor evangélico,
“tenemos grupos juveniles donde se orienta a
los muchachos con dificultades y se les enseña
a respetarse”, expone.
Desde el Gobierno también se buscan
soluciones. El despacho de la Primera Dama
promueve un proyecto junto a la Secretaría de
la Juventud para crear líderes que fomenten
valores entre la población joven. Mientras,
entidades como el Instituto de la Familia
intentan preservar el valor de ese núcleo para
contrarrestar el inconveniente.