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El trueno, que es el ruido que sigue a un rayo
o a un relámpago, los judíos lo consideraban
una revelación del poder de Dios. En otro
orden, cuando alguien no tiene calidad moral
para denunciar lo que se hace con el dinero
del pueblo, se aplica muy bien aquello de que
truena sin ruido. Para proclamar la verdad no
se necesita tener un escaño en el Olímpico de
los mortales, dar golpes con la mano en un
escritorio o en un ambón, y hasta salirse de
sus casillas dando “macetazos o malletazos” a
diestro y siniestro. Para ser una persona
honesta que está para decir la verdad, no hay
que hacer alarde de una responsabilidad que
nunca se ha tenido. Basta con ser coherente,
por aquello que no se puede exigir a otros lo
que no se aplica en la propia casa.
Nadie puede pedir cuentas de dónde van a parar
los recursos destinados a obras sociales, si
esa misma persona es fiel, y sumiso creyente
de la teoría del “laissez faire y laissez
passer” en instituciones que supuestamente
deben ser supervisadas por el denunciante. San
Bernardo, abad y doctor de la Iglesia,
conocido por su aporte a la espiritualidad
cristiana decía: “No sólo es traidor a la
verdad quien dice lo falso en vez de lo
verdadero, sino quien no dice libremente la
verdad que conviene sea proclamada, o no
defiende libremente la verdad que reclama
defensa”. Aquí se aplica, lo que se le
señalaba a una persona que fue artífice y
consejero de varios fraudes banaris, que éste
sólo decía la verdad cuando se equivocaba. Al
oír hablar con tanta propiedad y
responsabilidad, a uno que otro teórico de la
palabra, queda por preguntarse, ¿qué pensarán
aquellos que le conocen a profundidad? Como
sería por decir un nombre cualquiera,
pregúntele a Norberto hombre de bien, las
veces que esta persona le mintió. Vale la pena
recordar que Jesús aplica a Santiago y Juan el
sobrenombre de hijos del trueno. Pero este
sobrenombre, guarda relación con su padre
Zebedeo, voz autoritaria y de carácter fuerte.
De modo, que como herederos y continuadores de
su padre deberán comportarse de igual manera.
Pero este no es el caso de muchos
denunciadores de males, que ni tienen
autoridad ni tienen carácter. |