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Oximoron es una figura que se utiliza al
hablar o al escribir que consiste en unir dos
palabras de significado opuesto. En otras
palabras, es la combinación en “una misma
estructura sintáctica de dos palabras o
expresiones de significado opuesto, que
originan un nuevo sentido”.
Ejemplos clásicos de oximoron son: “dulce
derrota” o “soledad sonora”. El oximoron puede
ser utilizado a conveniencia dependiendo del
efecto que quiera producir. El mismo, puede
evidenciar una clara propensión a la
desfachatez o la ironía cuando se dice que hay
que imponer la democracia. En otros casos,
tiene su punto de partida en jocosidades
atribuidas a un artista popular: “las cosas
malas de la vida que buenas son”. Pero también
en obras clásicas “un breve descanso muy
cansado” (Quevedo). En declaraciones
personales de amor como “alborotada timidez”.
Se encuentra hasta en la sabiduría popular del
dominicano: “República Dominicana es un país
organizado en el desorden y programado para el
desastre”. Pero existen expresiones más que de
significado opuesto, contradictorias e
incomprensibles al entendimiento humano, que
nos cuestionan, y que toman su más rica
expresión de sentido cuando arrancan de la
sabiduría divina.
En el Antiguo Testamento y sobre todo en el
Nuevo Testamento, encontramos innumerables
ejemplos del manejo del lenguaje que da un
nuevo sentido a nuestra vida. “A quien tiene
se le dará; a quien no tiene se le quitará lo
que tiene” (Marcos 4,25). “El que ama a su
vida la destruye”, y el que desprecia su vida
en este mundo la conserva para la vida eterna”
(Juan 12, 25). “No piensen que he venido a
traer paz a la tierra; no he venido a traer
paz, sino la espada”. (Mt. 10,34). “Porque el
que se eleva será humillado y el que se
humilla será elevado” (Lucas 14,11). “Pues el
que quiera asegurar su vida la perderá, pero
el que pierda su vida por mí, la hallará”
(Mateo 16,25) Es como decir que Dios escribe
derecho con reglones torcidos. De estas
evidentes contradicciones para el
entendimiento humano, me seduce una en
particular de San Pablo: “Cuando me siento
débil, entonces soy fuerte” (2 Corintios 12,
10) En la vida cristiana, contrario a
cualquier aspecto de la vida ordinaria se saca
fuerza de la debilidad. Igual que muchos, que
no saben que donde está su fuerza está su
mayor debilidad.
Como tampoco se entiende, que para
progresar en santidad es en razón directa del
sufrimiento. ¡En verdad Dios tiene una forma
muy peculiar de llamarnos a su Reino! |