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San Juan de la Maguana, República Dominicana

Falsedad

Autor: JUAN FRANCISCO PUELLO HERRERA

Fuente: www.listin.com.do

Si algo molestaba a Julio desde el momento en que la conciencia se hizo presente en su vida, era que lo acusaran de algo que no había cometido. Por esto, siempre le llamó la atención el precepto del octavo mandamiento: no darás falso testimonio contra tu prójimo (Exodo 20, 16). Hasta que maduró y aceptó, que importaba poco lo que le atribuyeran o que dijeran algo impropio de él. Pero un día llegó la gran prueba, aquel en que fue objeto de la mayor infamia. Si bien le costó superar esta iniquidad, con el tiempo, asimiló, que esto ya no era su problema, sino de aquellos que en su afán desmedido de protagonismo y de lucro, eran capaces de sustituir el Dios verdadero por el Dios de sus intereses. Pero no todo quedó ahí. El Señor le preparó, para que con la mayor serenidad pudiera desprenderse del fardo tan pesado que es sentirse ofendido por acusaciones pueriles y sin fundamento.

Comprendió, que sólo existe Uno que se convertirá en Juez de sus actuaciones. Los juicios humanos carecen de importancia, cuando estos sólo tienen la aviesa intención de manchar reputaciones ajenas, sin medir las consecuencias que puedan tener en los diferentes ámbitos que se desenvuelve la persona afectada. No hay modo de parar esta corriente de perversidad. No obstante, existe el arma más poderosa para enfrentarla: ignorar a cualquier precio la ofensa recibida y esperar pacientemente la respuesta del Señor ante cualquier evento de esta naturaleza. Como aconseja Gracián, cerrar por dentro con la llave del silencio. En la medida que hagamos caso omiso a estas perversidades, nuestro corazón se acercará más al Señor, que es a quien finalmente habrá que rendir cuenta de lo que hemos hecho o dejado de hacer en esta vida temporal. No obstante, es conveniente advertir el peligro tan grande que corre un cristiano cuando falsea la verdad.

En la medida que busca como aliado la mentira, se va perdiendo gradualmente la oportunidad de recuperar la verdad. Por esto, hay que tener cuidado de no manchar reputaciones, diciendo mentiras para quedar bien. Se sabe, que “la gravedad de la mentira se mide según la naturaleza de la verdad que deforma, según las circunstancias, las intenciones del que la comete, y los daños padecidos por los que resultan perjudicados”. A tantos años de distancia que ocurrieron estos hechos, todavía espera pacientemente Julio por el deber de reparación, aunque sus autores materiales y morales ya han sido perdonados.

Cortesía de www.listin.com.do

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