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San Juan de la Maguana, República Dominicana

Si nos amáramos siempre así...

Autor: JUAN FRANCISCO PUELLO HERRERA

Fuente: www.listin.com.do

Todo aquel que ha tenido la experiencia de sufrir una enfermedad que requiere de atenciones médicas especiales o que ha perdido un ser querido, siente una profunda satisfacción que le hace circundar un mundo maravilloso donde predomina el amor, el desinterés, el perdón, la entrega, y sobre todo crear conciencia de la fragilidad humana. En la enfermedad y en la muerte se conjugan muchas cosas, pero hay algo a destacar, lo constituyen las muestras de solidaridad de las personas que se multiplican de manera espontánea. Por la propia naturaleza humana, sus efectos duran poco, pues lamentablemente se vuelve a la rutina que embota los sentidos, y cual vorágine escapista hace que aquella sensibilidad momentánea se convierta en un recuerdo vago, que se repetirá cuando vuelva a ocurrir un hecho que nos afecta, un acontecimiento doloroso o sencillamente una enfermedad que nos haga reflexionar sobre el curso que le estamos dando a nuestra vida. Los estragos que produce estos cambios “climáticos” en la personalidad nos perjudican de tal manera, que nuestros más nobles sentimientos quedan cercenados por la inconsistencia de nuestras actuaciones. No se puede estar viviendo una vida cambiante e incoherente. Pero aun con todas estas debilidades, qué alegría tan grande es recibir consuelo. Todos, en su momento, somos consolados y consoladores. Siempre debe haber espacio para amar, bajo cualquier circunstancia. No es necesario esperar que se presenten circunstancias desfavorables para descubrir que hay un Dios de misericordia esperando por nosotros. Siempre debe haber un espacio, para confiar que el otro nos recibirá aun cuando haya sucedido algo que sea causa de separación. Siempre debe haber espacio para el amor. El Señor amó de tal manera que nos dejó la mejor herencia: amarnos por encima de las miserias humanas. Es tiempo para que tengamos ese encuentro, sólo basta que hagamos un mínimo esfuerzo. Les aseguró que si vencemos la soberbia, causa eficiente de la mayoría de nuestras desgracias, y abrazamos la cruz de Cristo, todo será más llevadero y no tendremos que fraccionar por continencias de la vida el amor que llevamos dentro.

Cortesía de www.listin.com.do

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