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Todo aquel que ha tenido la experiencia de
sufrir una enfermedad que requiere de
atenciones médicas especiales o que ha perdido
un ser querido, siente una profunda
satisfacción que le hace circundar un mundo
maravilloso donde predomina el amor, el
desinterés, el perdón, la entrega, y sobre
todo crear conciencia de la fragilidad humana.
En la enfermedad y en la muerte se conjugan
muchas cosas, pero hay algo a destacar, lo
constituyen las muestras de solidaridad de las
personas que se multiplican de manera
espontánea. Por la propia naturaleza humana,
sus efectos duran poco, pues lamentablemente
se vuelve a la rutina que embota los sentidos,
y cual vorágine escapista hace que aquella
sensibilidad momentánea se convierta en un
recuerdo vago, que se repetirá cuando vuelva a
ocurrir un hecho que nos afecta, un
acontecimiento doloroso o sencillamente una
enfermedad que nos haga reflexionar sobre el
curso que le estamos dando a nuestra vida. Los
estragos que produce estos cambios
“climáticos” en la personalidad nos perjudican
de tal manera, que nuestros más nobles
sentimientos quedan cercenados por la
inconsistencia de nuestras actuaciones. No se
puede estar viviendo una vida cambiante e
incoherente. Pero aun con todas estas
debilidades, qué alegría tan grande es recibir
consuelo. Todos, en su momento, somos
consolados y consoladores. Siempre debe haber
espacio para amar, bajo cualquier
circunstancia. No es necesario esperar que se
presenten circunstancias desfavorables para
descubrir que hay un Dios de misericordia
esperando por nosotros. Siempre debe haber un
espacio, para confiar que el otro nos recibirá
aun cuando haya sucedido algo que sea causa de
separación. Siempre debe haber espacio para el
amor. El Señor amó de tal manera que nos dejó
la mejor herencia: amarnos por encima de las
miserias humanas. Es tiempo para que tengamos
ese encuentro, sólo basta que hagamos un
mínimo esfuerzo. Les aseguró que si vencemos
la soberbia, causa eficiente de la mayoría de
nuestras desgracias, y abrazamos la cruz de
Cristo, todo será más llevadero y no tendremos
que fraccionar por continencias de la vida el
amor que llevamos dentro. |