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Muchas frases o palabras se ponen de moda,
unas duran más que otras, pero todas tienen
como denominador común, que las mismas son
utilizadas en forma mecánica, cuando no se
tiene nada que decir, para salir del paso o
sencillamente sin ninguna otra pretensión que
llenar espacios vocales. Lo curioso del caso,
es que muchas de estas expresiones su único
propósito es impresionar con pretensiones de
intelectualidad sin ser intelectual o
repetirlas como un papagayo. Un conocido
proverbio lo expresa así: “no repitas todo lo
que oyes como un loro, que pierdes tu
identidad”. Desde la época en que transmitían
el programa radial de la Tremenda Corte, con
la popular expresión de Tres Patines “que cosa
más grande caballero”, repetida por muchos que
eran asiduos oyentes de dicho programa,
aprendí que la masificación en este aspecto
hace perder la identidad. Son innumerables las
expresiones, cuyo uso es tan frecuente y que
repetidas innecesariamente se convierten en
muletillas.
Veamos algunas de ellas: “Valga la
redundancia”. “Real y efectivamente”.
“Obviamente...”. “Con la finalidad de dar luz
en este caso tenemos que...”. “Ese es su talón
de Aquiles”. “Se me hace cuesta arriba”. “Hay
que poner los puntos sobre las íes”. “Mi casa
tiene techo de cristal”. “Yo no tengo cola que
me pisen”. “Hay que tomar cartas en el
asunto”. “En ese orden de ideas...” “Con
suficiente tiempo de antelación”. “Se puede
producir un nudo gordiano”. “De una manera
clara y precisa”. “Un tema de palpitante
actualidad”. “Sin lugar a dudas”. “Las puertas
de mi despacho están abiertas”. “Dio un giro
de 380 grados” (en todo caso lo correcto sería
de 180 grados). “Trabajo 24 horas sin
descansar”. “Mi tiempo es oro”. “Esto viene
como anillo al dedo”. “Haciendo acopio”. “En
ese lapso de tiempo”. “En ese orden de ideas”.
“De una u otra forma”. “Estamos en un mundo
globalizado”. “La sociedad del conocimiento
nos impone...” “En ese caso hay mucha tela que
cortar”. “Salió a la luz pública”. “No se
puede dormir en sus laureles”. “Por ende...”
Lo que se repite por moda carece de expresión
y despersonaliza. La moda aceptada no puede
llevar a perder la creatividad, que es a fin
de cuentas lo que nos hace ser distintos. |