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San Juan de la Maguana, República Dominicana

Curiosidad malsana

Autor: JUAN FRANCISCO PUELLO HERRERA

Fuente: www.listin.com.do

La curiosidad malsana no sólo se aplica a aquellos que recurren al ocultismo para agenciarse favores o la de hacer daño a otros. Existe una forma de curiosidad, que se inscribe en las coordenadas de una personalidad retorcida. Se aprecia en la manera sutil de incentivar el chisme, le llamaría el chisme de luxe o de chismear (sic) bajo reservas y sin comprometerse. ¿Cuándo se da este tipo de comportamiento? Se da cuando una persona pregunta sobre una situación que ya le consta o que es conocida por todos. Veámoslo de esta manera, si alguien sabe a ciencia cierta que un compañero de trabajo es homosexual para qué preguntar lo que se conoce. Si es vox populi que una mujer le es infiel a su esposo, para qué preguntar por aquello que es del dominio público. La explicación lógica a esta actitud, es que la confirmación del hecho alimenta la morbosidad del inquisidor. Es más dañino cuando estas preguntas van acompañadas de la expresión recurrente “no lo creo pero quiero confirmarlo”. En proverbios 11,13 encontramos que “el hablador revela los secretos, el de espíritu seguro oculta las cosas”. Divulgar o ayudar a expandir un rumor de algo que lesione la dignidad como persona de alguien, en nada contribuye al crecimiento espiritual. Es tan corrupto el que calumnia como el que se hace eco de una calumnia. El modo de evitar estos desvaríos de la conducta es mediante la caridad fraterna. Todo lo que pensamos, decimos o callamos para perjudicar al prójimo se traduce en egoísmo. La caridad cristiana debe llevar a cambiar de arriba abajo nuestro presupuesto de vida y las relaciones con los que nos rodean. El controlar las pasiones es el primer paso a dar si en verdad queremos controlar lo que alegremente decimos o repetimos sobre el comportamiento de las personas. Controlar el terrible vicio de la murmuración o de la curiosidad malsana de propiciarla, debe ser una de las principales metas de aquel que quiera crecer en santidad. Se dice con razón que la malevolencia en el pensar depende de la parcialidad de nuestros juicios. De nada vale que tengamos sentimientos buenos si los mismos no se fundamentan en el amor.

Cortesía de www.listin.com.do

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