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La fábula, es un género literario apropiado
para deducir una enseñanza práctica. En esta
oportunidad, comparto con ustedes una que me
fuera enviada por un amigo sacerdote que
reside en México. “Se cuenta que en una ciudad
del interior, un grupo de personas se
divertían con el tonto del pueblo, un pobre
infeliz, de poca inteligencia, que vivía
haciendo pequeños mandados y pidiendo
limosnas. A diario algunos hombres del pueblo
llamaban al tonto al bar donde se reunían y le
ofrecían escoger para que se quedara con ella,
entre dos monedas: una de tamaño grande de 400
reales y otra de menor tamaño, pero de 2000
reales.
El tonto siempre escogía la más grande y de
menos valor, lo que era motivo de risas para
todos los concurrentes al bar. Un día, alguien
que observaba al grupo divertirse con el pobre
tonto, llamó a éste aparte y le preguntó si no
se había dado cuenta durante todo ese tiempo
que la moneda de mayor tamaño valía menos, a
lo que respondió: “Lo sé, no soy tan tonto, la
de 400 reales que es más grande vale cinco
veces menos que la más pequeña de 2000 reales,
pero el día que escoja la de menor tamaño, el
jueguito acaba y dejaré de ganarme esa moneda
todos los días.
Esta historia podría concluir aquí, como un
simple chiste, pero del mismo se pueden sacar
varias conclusiones: La primera: Quien parece
tonto, no siempre lo es. La segunda: ¿Cuáles
eran los verdaderos tontos de la historia? La
tercera: Una ambición desmedida puede acabar
cortando las fuentes de ingreso. Pero la
conclusión más interesante es: Podemos estar
bien, aun cuando los otros no tengan una buena
opinión sobre nosotros mismos. Por lo tanto,
lo que importa no es lo que piensen de
nosotros, sino lo que uno piensa de sí mismo”. |