|
La memoria hay que ejercitarla para que no
se olviden hechos importantes. De tal manera,
se hacen promesas que después se olvidan.
Recordar para no olvidar debería ser un buen
ejercicio cuando de conseguir votos se trata.
En la recién campaña para las elecciones
congresuales y municipales, cada ciudadano
debió anotar en un papel las promesas hechas.
Ya que se acerca el 16 de agosto, por si acaso
alguno no lo hizo, les recuerdo algunas de
ellas: “El pueblo habló. Para trabajar por ti.
Limpieza y orden. Los llevaré por un sendero
de paz y progreso.
Iniciamos el saneamiento y la recuperación
del país. El pueblo que sabe elegir lo mejor
es un pueblo que progresa. Vota por el
adecentamiento de la política nacional. Mis
credenciales son honradez, capacidad
gerencial, motivación. Contigo siempre.
Comprometido con la patria. Honestidad y
seriedad probadas. Comprometido desde siempre.
Un hombre con ideas modernas. No te
defraudaré. Cuento contigo. Votando por mí...
estás votando por ti”.
Todas estas son promesas, pero también
compromisos que reposan en la memoria de todos
aquellos que durante meses recibieron
(soportaron) estos mensajes (propaganda).
Quedan en la memoria y son memorias de una
campaña. Para no olvidarlas y que sean
repasadas periódicamente. Para recordarlas a
los que prometieron cumplirlas. Están cada una
de ellas grabadas en las mentes de los que
esperan se cumplan para vivir de un modo más
humano. Quiera Dios se conviertan en realidad.
Las promesas hay que cumplirlas. Si no se
cumplen cae en el descrédito el promitente.
Vale entonces citar lo expresado por el juez
Baltasar Garzón en su reciente visita al país:
“Cualquiera composición que salga para los
puestos electivos, lo importante es que hagan
lo que debe hacer un político, que es cumplir
las propuestas (hechas) electorales”.
La correcta actitud de un político no se
mide por sus poses, como es el caso de lo que
se ha convertido en un uso y costumbre, de
presentarse, poniendo sus manos en posición
piramidal juntando la yema de los dedos. No se
trata de una simple pose, se trata de que lo
prometido se haga realidad. Vale recordar, que
el que promete y no cumple falta a su palabra,
y a éste no puede ayudarle Dios. |