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San Juan de la Maguana, República Dominicana

Ocupación: ¡Maestro!

A partir de una cita que escuché de boca de monseñor Agripino Núñez Collado sobre marañón, he complejizado mi reflexión sobre lo que significa ser profesor y su diferencia con ser maestro
Fuente: http://www.elcaribecdn.com Autor: David Alvárez Martín
“¿Quién es usted?” “¿A qué se dedica?” Preguntas tan comunes para llenar documentos de viaje, aplicaciones, solicitudes de todo tipo. Por eso siempre tenemos la respuesta a mano.
 
En mi caso, desde enero del 1983 escribo muy orondo la categoría de catedrático o profesor universitario. Al hacerlo digo una gran verdad, desde que INTEC me contrató a inicios de ese año para impartir un curso de Quehacer Científico me consagró automáticamente como profesor universitario.
 
No tuve que ir a universidad alguna para estudiar dicha carrera, bastó que una universidad me designara para tal función e inmediatamente recibí los galones de catedrático.

Con el paso del tiempo y en la medida que tomaba conciencia de cuán ignorante era en el oficio, fui cambiando en mi proceso de declarar mi oficio y asumí el que tengo con mayor legitimidad: filósofo.
 
Eso es lo que he estudiado, eso enseño, a eso le dedico gran parte de mi jornada diaria y en alcanzar un doctorado en Filosofía están sometidos todos los minutos de mi tiempo libre.  Pero, imagínense cómo me miran cuando digo o escribo que soy filósofo.
 
 Los más benignos me miran con pena o extrañeza, los más perversos con cierta risita sarcástica. Y lo peor ocurre cuando te preguntan: “Exactamente...¿qué es lo que usted hace como filósofo?” Algún  día les contaré mi anécdota con un oficial de emigración norteamericano intentando explicarle cómo me gano la vida filosofando.

A partir de una cita que escuché de boca de monseñor Agripino Núñez Collado sobre Marañón, he complejizado mi reflexión sobre lo que significa ser profesor y su diferencia con ser maestro.
 
Mientras el profesor sabe mucho de algo y lo enseña, el maestro, sin dejar de ser profesor, ama a sus estudiantes y procura enseñarles y formarles.

En tal sentido, si entendemos lo que significa ser filósofo de manera profunda, conlleva ser maestro y no quedarse en un simple profesor o instructor.
 
Asumir el ser maestro y declararlo con orgullo es algo que necesitamos los que cultivamos el magisterio.
 
¡Tanto se ha denigrado nuestra vocación en nuestro país!  A partir de este artículo asumo plenamente mi identidad como maestro en la identificación del autor de estas reflexiones de cada martes.
Cortesía de www.elcaribecdn.com

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