“¿Quién es usted?” “¿A qué se dedica?”
Preguntas tan comunes para llenar documentos
de viaje, aplicaciones, solicitudes de todo
tipo. Por eso siempre tenemos la respuesta a
mano.
En mi caso, desde enero del 1983 escribo muy
orondo la categoría de catedrático o
profesor universitario. Al hacerlo digo una
gran verdad, desde que INTEC me contrató a
inicios de ese año para impartir un curso de
Quehacer Científico me consagró
automáticamente como profesor universitario.
No tuve que ir a universidad alguna para
estudiar dicha carrera, bastó que una
universidad me designara para tal función e
inmediatamente recibí los galones de
catedrático.
Con el paso del tiempo y en la medida que
tomaba conciencia de cuán ignorante era en
el oficio, fui cambiando en mi proceso de
declarar mi oficio y asumí el que tengo con
mayor legitimidad: filósofo.
Eso es lo que he estudiado, eso enseño, a
eso le dedico gran parte de mi jornada
diaria y en alcanzar un doctorado en
Filosofía están sometidos todos los minutos
de mi tiempo libre. Pero, imagínense cómo
me miran cuando digo o escribo que soy
filósofo.
Los más benignos me miran con pena o
extrañeza, los más perversos con cierta
risita sarcástica. Y lo peor ocurre cuando
te preguntan: “Exactamente...¿qué es lo que
usted hace como filósofo?” Algún día les
contaré mi anécdota con un oficial de
emigración norteamericano intentando
explicarle cómo me gano la vida filosofando.
A partir de una cita que escuché de boca de
monseñor Agripino Núñez Collado sobre
Marañón, he complejizado mi reflexión sobre
lo que significa ser profesor y su
diferencia con ser maestro.
Mientras el profesor sabe mucho de algo y lo
enseña, el maestro, sin dejar de ser
profesor, ama a sus estudiantes y procura
enseñarles y formarles.
En tal sentido, si entendemos lo que
significa ser filósofo de manera profunda,
conlleva ser maestro y no quedarse en un
simple profesor o instructor.
Asumir el ser maestro y declararlo con
orgullo es algo que necesitamos los que
cultivamos el magisterio.
¡Tanto se ha denigrado nuestra vocación en
nuestro país! A partir de este artículo
asumo plenamente mi identidad como maestro
en la identificación del autor de estas
reflexiones de cada martes.