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Todos los martes y
miércoles recibo varios correos electrónicos
como reacción a mis artículos de El Caribe. El
último, titulado “Los de segunda”, ha
provocado más mensajes de los acostumbrados y
hasta llamadas.
La nota predominante ha sido el
redescubrimiento del libro “Trujillo. Causas
de una tiranía sin ejemplo” de Juan Bosch,
especialmente su análisis de las castas
sociales que según el autor forjó el proceso
particular de colonización de nuestra isla y
la evolución concreta de nuestra historia.
El espacio que me concede este medio no me
permite abundar en especificaciones muchas
veces necesarias cuando se trata de temas
donde el acuerdo no es evidente. Por eso,
ciertos juicios y ejemplos empleados por un
servidor se prestan a múltiples
interpretaciones y dejan muchas zonas grises y
como no estoy haciendo poesía, sino análisis,
es menester que vuelva una y otra vez sobre
ciertos temas para ir precisando.
Uno de los cuentos más afamados de Bosch es
el titulado “Los amos”. En su brevedad, el
maestro del cuento latinoamericano recoge la
profunda brecha entre los grupos sociales que
forman la sociedad dominicana.
¡Y enfatizo el verbo en tiempo presente! Para
el dueño de la finca, su empleado era menos
que un animal. No existe, en el argumento del
cuento, ninguna identificación del amo
respecto a su empleado, salvo que habla igual
que él.
Es precisamente ese lastre social el que
denuncia Bosch en su cuento y en su libro
sobre Trujillo. Y es un lastre que impide el
desarrollo de la democracia en nuestro país y
el pleno reconocimiento de los derechos
humanos.
Como sociedad vivimos espacios profundamente
separados, donde la posibilidad de “sentir” el
sufrimiento de la mayoría, que son los pobres,
no pasa a la minoría, que somos clase media y
alta, debido a una hábil división de los
espacios y el dominio de la acción política y
el discurso público de dicha minoría.
Los pobres son objetos pasivos de las
“iniciativas” populistas y filantrópicas de
las minorías que nos autodenominamos “la
sociedad dominicana”.
Nuestros discursos identatarios, medidas de
desarrollo subjetivas y cotidianidad,
pretendemos que sean los de la sociedad en su
conjunto, donde la mayoría simplemente está
como observadora.
Cuando dichas minorías han tomado tímidamente
la iniciativa e irrumpido en nuestra
cotidianidad, las clasificamos como caos,
turbas, pobladas, etc. |