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El miedo es el enemigo
fundamental de la vida. Es un adelanto de la
muerte. El miedo mutila a los hombres y
mujeres, destruye familias, carcome
instituciones y aniquila sociedades. Una sola
persona temerosa puede hundir un proyecto de
centenares, de miles de personas, si se
encuentra en posición de poder.
Un gobierno paralizado por el miedo puede
disolver una nación. Frente al miedo no hay
argumentos, la parálisis del temor embota
oídos y entumece cerebros, asusta hasta la
propia sombra, el futuro luce sombrío, quienes
nos rodean se dibujan como amenazas.
Tanto el entorno familiar, como los estratos
sociales donde una persona se cría, forjan en
el temor o la confianza propia, produce
mujeres y hombres incapaces de dar un paso
adelante o seguros de su criterio para
modificar su entorno.
Superar el miedo es tarea de colosos, tanto
para individuos, como colectividades. No es
posible alcanzar meta alguna, con calidad y
energía, si anteponemos los miedos. El temor
convierte en cumplida la profecía implicita.
Las ruinas del fracaso testimonian a lo que se
temía, que fue quien las labró.
El 20 de octubre del 1961, luego de 23 años de
exilio, el primer discurso de Juan Bosch en
suelo dominicano se titulaba “Hay que matar el
miedo”.
La lucidez de Bosch frente al escenario de una
sociedad hundida en su propia miseria,
material y moral, luego de 31 años de
dictadura, lo hizo trascender el populismo de
quienes erigían la venganza ciega contra todo
el que se le supusiera simpatía trujillista.
Si de los archivos del Partido Dominicano
hubiese salido el listado de los que merecían
castigo, serían mayorías, especialmente las
más pobres, las víctimas del odio de unos
pocos resentidos contra la tiranía. Bosch
entendió y predicó que no era el miedo, ni el
odio, la fuerza que deba mover una sociedad,
si- no la justicia.
Ayer como hoy, en tantos ámbitos de la
sociedad dominicana, es el miedo que domina y
guía hacia la derrota a individuos y grupos. Y
detrás del miedo se anida el odio visceral que
da zarpazos a los fantasmas pero mata el
futuro. Terminaba Bosch su alocución con una
cita impactante.
“Parodiando a Martí, a José Martí padre de
América y gloria de Cuba, quiero decir aquí
que los dominicanos no podemos vivir como la
hiena en la jaula, dándole vueltas al odio.”
Si el miedo hubiese sido su guía, ni el Cristo
habría subido al Gólgota, ni Duarte fundado la
Trinitaria. ¡Hay que matar el miedo! |