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San Juan de la Maguana, República Dominicana

El rumor de nuestra alma

La vida demanda, no lo niego. El quehacer para la subsistencia muchas veces compra el alma. Que la traición tiene argumentos razonables... ¡lo acepto! pero no le quiten a sus hijos la maravilla de sintonizar con lo mejor de nosotros
Fuente: http://www.elcaribecdn.com Autor: David Alvárez Martín
Hay un rumor en el fondo de nuestra historia. Un murmullo, aun incomprensible, en el devenir de lo que nos sucede. No es la voz de fuerza alguna impersonal, ni deidad insular demandando nuestra atención.
 
¡Que fácil si ese fuera el caso! ¡Que cómodo sería obedecer a los payasos que se erigen como salvadores! No hay palabras para los que venden su alma por míseras fortunas. Esos, ni escuchan, ni buscan entender.

Se nos dificulta escuchar, no lo niego, es tanto el ruido de quienes proponen y se oponen en este circo en que lo público se ha convertido, que meditar sobre lo que hay y lo que somos se torna casi imposible.
 
Más al fondo, en la pobreza de tantos millones, en la riqueza que nos expolian una minoría, en los miedos que nos forjan para tornarnos impasibles frente al sufrimiento, en esa bacanal ruidosa de los vencedores, se escucha el rumor.

Son las voces de Montesinos, Duarte, Luperón,  Bonó, Espaillat, Lugo, Patria, Manolo, Caamaño, Bosch…y tantos otros. Es el alma de lo que somos, lo más noble de nuestra esencia, nuestro destino.
 
Y no importa el voceadero de tantos farsantes y traidores, ese rumor sigue ahí, pasando entre las generaciones, buscando oídos que escuchen con atención.

La vida demanda, no lo niego, el quehacer para la subsistencia muchas veces compra el alma. Que la traición tiene muchos argumentos razonables...¡lo acepto!..., pero por favor, no le quiten a sus hijas e hijos la maravilla de sintonizar con lo mejor de lo que somos. No le robemos sus espíritus, dejémoslos ser mejores que nosotros.
 
No hay bochorno mayor que ver el ánimo de un joven manoseado por el mercado y la estulticia, temeroso de los riesgos de la vida pública y el compromiso patriótico, esclavizado antes de poder ver la vida.

Estas generaciones, la mía y la que me antecede, hemos vuelto los mejores sueños de esta sociedad en una vulgar parodia de marionetas, doblegados por el vástago espiritual del sátrapa, canonizamos el crimen y la prevaricación, exaltamos la vida muelle y los vicios pequeño burgueses, volvemos soeces las palabras más sagradas de nuestros patriotas y mártires con tal de ganar unos centavos.
 
La historia, nadie lo dude, nos tratará con rigor y seremos condenados justamente por la oportunidad que tuvimos y desperdiciamos. No es para escandalizarnos, al menos dejemos que nuestros descendientes puedan escuchar el rumor que los salvará. Lo nuestro es causa perdida.
Cortesía de www.elcaribecdn.com

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