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En Petersburg, Kentucky,
las noticias han ubicado la próxima
inauguración de un bodrio llamado Museo del
Creacionismo. Ubicado en el condado de Boone
donde el 75% es blanco y el 13% vive por
debajo de la línea de la pobreza, es un pueblo
sureño, fundamentalista religioso y que apoya
las políticas militaristas administración
republicana.
Es un museo tan falso como si se dedicara a
Superman o los Picapiedras. Que más del 44% de
los norteamericanos, según una encuesta Gallup,
creen que Dios hizo al hombre hace menos de 10
mil años no me extraña.
Más de la mitad estaba convencida de que Iraq
tenía armas de destrucción masiva y era el
refugio de quienes destruyeron el World Trade
Center.
La democracia norteamericana no les sirve para
vivir en la verdad. La democracia en Estados
Unidos es una cuestión aldeana, ni estatal, ni
mucho menos federal.
Pueden fatigarse por días –y esto es
meritorio- debatiendo un presupuesto
municipal, pero se dejaron instalar en el 2000
a un presidente mediante un fraude que haría
sonrojar a Joaquín Balaguer.
Alguien podría preguntar, si me ha leído hasta
ahora, qué tiene que ver un Museo del
Creacionismo con los miles de muertos
estadounidenses e iraquíes que provoca cada
mes la invasión de los Estados Unidos a Irak.
Una cosa: el poder de las mentiras.
Mentiras que sirven para hacer negocios; para
masacrar pueblos enteros; para segregar a
millones de norteamericanos, negros y latinos,
en condiciones de miseria; mentiras que se
usan para sostener una campaña permanente
contra la emancipación de la mujer; mentiras,
en fin, que sostienen una forma de ordenar el
mundo y sojuzgarlo para que unos pocos ganen
fortunas fabulosas a costa de la miseria de
millones y millones en todo el planeta.
La manipulación bíblica de los grupos
fundamentalistas no resiste el poder del
Evangelio y su llamado a la conversión, a la
verdadera, no al orgasmo emocional que venden
como droga.
Recordemos a ese humilde y valiente dominico
que en el adviento de 1511 supo enfrentar las
mentiras y proclamar la verdad de Cristo.
“¿Con qué derecho y con qué justicia tenéis en
tan cruel y horrible servidumbre a estos
indios? ¿Con qué autoridad habéis hecho tan
detestables guerras a estas gentes? ¿Cómo los
tenéis tan opresos y fatigados, sin darles de
comer ni curarles de sus enfermedades? ¿Éstos
no son hombres?… Tened por cierto que en el
estado que estáis no podéis salvaros”. La
mentira conduce a la muerte, la verdad nos
hará libres. |