La sociedad dominicana arrastra un pesado fardo que proviene
de la dictadura trujillista. Debido a la novedad de la
democracia -no más de 150 años en Occidente y más reciente
en sociedades como la nuestra- es natural que la manera de
pensar forjada en tiranías perviva por más de una generación
que experimenta con los modos democráticos.
Lo primero y fundamental: es democrático el ejercicio del poder
que se legitima en la voluntad de las mayorías frente a los temas
que nos conciernen a todos y en frecuencias de tiempo razonables,
dentro de una amplia pluralidad de opciones.
Por principio, la única opción no válida en democracia sería la
posibilidad de eliminar la democracia misma. Frente a la
democracia, la cuestión a evaluar siempre es su eficacia.
La democracia desde su origen en la Atenas clásica ha tenido
fuertes detractores. El más brillante sin dudas es Platón. Si
sometemos el destino de una sociedad a la voluntad de la mayoría
-esbozo aquí la tesis platónica- el resultado será: o una decisión
al nivel de dicha mayoría o la manipulación de las mayorías por
parte de minorías hábiles.
En ambos casos no tendríamos los mejores destinos sociales
posibles. Por eso Platón propone el gobierno de los más sabios. La
función de gobierno demandaría tal nivel de especialización que no
debería depender de la opinión o voluntad de la mayoría, al igual
que no es por mayoría que se decide quien es cirujano, poeta,
músico o ingeniero, por poner ejemplos actuales.
La democracia sólo nos puede ofrecer gobiernos, congresos y
municipios a la altura del conjunto de las sociedades donde se
ejerce. Es reflejo en tal caso de las creencias, mitos, valores,
niveles educativos y desarrollo económico de cada sociedad,
incluso cuando la voluntad de la mayoría sea influenciada por la
propaganda de determinados grupos.
El único límite real a la democracia es el desconocimiento de la
voluntad de dicha mayoría o su tergiversación mediante artilugios
provenientes de los mecanismos de poder.
Modificar una sociedad democrática conlleva grandes esfuerzos y
sagacidad, si lo reducimos al plano político y social, por eso la
tentación de la dictadurasiempre está latente, especialmente entre
los sectores de clase media y privilegiados cuando no disfrutan
del nivel de vida que consideran merecer.
Pero -cosa curiosa- es relativamente sencillo hacer modificaciones
en sociedades democráticas en base a la prosperidad económica
generalizada. Esa es la experiencia histórica del siglo XX.