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San Juan de la Maguana, República Dominicana

Los deberes humanos

La democracia exige que todos hagamos vida pública, que todos ejerzamos permanentemente nuestros derechos. La delegación de autoridad nunca es exoneración del compromiso de cada individuo con la sociedad
Fuente: http://www.elcaribecdn.com Autor: David Alvárez Martín

Justo cuando hablamos de una reforma de la Constitución y una modificación de nuestro modelo fiscal, no existe mucha atención pública al tema de los deberes. De los derechos todos hablamos y hasta expertos nos consideramos, sin necesidad de estudiar el tema, ni pensarlo rigurosamente.
 
Parece que bastara dejar volar nuestra imaginación y demandar “todos los derechos” que somos capaces de anhelar. Sobre los deberes hay silencio.

No hay democracia posible sin deberes. La democracia no es el reino infantil de los deseos -como es vendida por los populistas- sino que es la adultez del compromiso político.
 
La democracia es la polis de los adultos, su fortaleza es la suma del nivel de compromiso efectivo y permanente de todos los ciudadanos y ciudadanas, día a día, hora a hora, en todos los ámbitos.
 
Una sociedad cuya democracia se limite a unos minutos, cada dos o cuatro años, marcando una boleta de elección, es tan raquítica como suponer que es una estrella de la NBA quien ocasionalmente ha lanzado una bolita de papel en el zafacón de su oficina… ¡y ha fallado!

El esfuerzo por la democracia en nuestro país demanda la promoción intensa de los deberes políticos, sociales, culturales y económicos entre todos los hombres y mujeres.
 
La sociedad democrática y libre no es un regalo de “alguien”, es la construcción de todos. En tal sentido, salvo que estemos frente a un tirano, no hay nadie a quien reclamarle más democracia, libertad o justicia. Tendremos el nivel de democracia, libertad y justicia que estemos dispuestos a construir entre todos, comprometiendo en la mayor parte de los casos nuestros legítimos deseos personales, nuestros recursos y por supuesto nuestra privacidad. Los vagos y cobardes no construyen nunca democracia.

Promover la mendicidad de derechos frente al Estado es un crimen contra la democracia y la degradación de la necesaria adultez política que todos debemos cultivar.
 
Da asco el discurso electorero que descansa en promesas de candidatos y candidatas inorgánicos que únicamente aspiran a ordeñar los bienes públicos para su beneficio personal y el de su pandilla partidaria.
 
La democracia exige que todos hagamos vida pública, que todos ejerzamos permanentemente nuestros derechos. La delegación de autoridad nunca es exoneración del compromiso de cada individuo con la sociedad. El silencio sobre nuestros “deberes humanos” apunta a manipulación de unos y holgazanería de la mayoría.

Cortesía de www.elcaribecdn.com

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