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San Juan de la Maguana, República Dominicana

Carnaval político dominicano

El carnaval está tan ligado a las dos principales celebraciones patrias (Independencia y Restauración) que sería imposible imaginarnos un 27 de febrero o 16 de agosto sin diablos cojuelos, cachuas o “roba la gallina”
Fuente: http://www.elcaribecdn.com Autor: David Alvárez Martín
La experiencia del carnaval dominicano trasciende su origen trasatlántico y se ha convertido con el pasar de los años en una de las expresiones fundamentales de la celebración lúdica de los sectores medios y pobres de la población y que a través del mismo manifiesta su libertad reprimida, su crítica al orden social opresivo y la recuperación de sus imágenes identatarias.

Por supuesto en muchos casos su comercialización está marcando pautas de consumo, pero siempre surge con fuerza la expresión “no organizada” que brota de cualquier callejón. 
 
Nuestro carnaval no tiene nada que ver con la exuberancia carnal de ciertos ritos paganos previos al inicio de la Cuaresma cristiana. Incluso en el caso criollo, contrario al de Río de Janeiro, el destape del cuerpo femenino no es relevante.

Es por eso en gran medida que no le veo fuerza al argumento de adelantarlo para que no se haga luego del miércoles de ceniza.
 
Seguro estoy de que proporcionalmente debe haber más católicos en las celebraciones carnavalescas que fuera de ellas, debido al origen social de los participantes. Pero, y este es el punto central, el carnaval está tan ligado a las dos principales celebraciones patrias (Independencia y Restauración) que sería imposible imaginarnos un 27 de febrero o 16 de agosto sin diablos cojuelos, cachuas o “roba la gallina”.
 
Definitivamente nos falta unos buenos estudios teológicos, sociológicos, políticos y antropológicos del carnaval dominicano. ¡Otra carencia de nuestro subdesarrollo intelectual!

Por eso también nuestra vida política es carnavalesca. O mejor dicho, la manera que tiene el pueblo pobre de vivir la campaña electoral es carnavalesca.
 
A excepción de un grupito de “intelectualoides” que vamos a los medios de comunicación a hacer análisis sesudos con cara de estreñimiento o dedicamos horas enteras en grupos de Internet a canalizar nuestro libido con propuestas políticas academicistas, el resto de la gente convierte las elecciones en carnaval y lo goza a plenitud.

Igual que la pelota, que es también carnavalesca, en nuestro país la gente toma partido para gozar y al final da lo mismo ser bronco o chilúa, aguilucho o liceísta, peledeísta o perredeísta. Lo importante es la chercha que se arma, el romo, los sancochos, las giras en guaguas, el salchichón que se atrapó o la morena que se manoseó. 
Cortesía de www.elcaribecdn.com

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