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San Juan de la Maguana, República Dominicana

Cambalache dominicano

En lugar de ciudadanos nos vemos y comportamos como habitantes de un territorio al que nada nos une, salvo la oportunidad de sobrevivir en su suelo cada día mientras esperamos un chance para desgaritarnos a otro lugar del mundo
Fuente: http://www.elcaribecdn.com Autor: David Alvárez Martín

¿Quién no ha escuchado Cambalache en la voz de Gardel? El que no lo ha hecho, lo tiene de tarea antes que la parca cierre sus oídos. Pocos saben que el autor de Cambalache se llama Enrique Santos Discépolo, poeta, compositor, actor y dramaturgo argentino muerto poco antes de la Navidad del 1951.
 
Escritor de grandes honduras filosóficas y una facilidad magistral para la rima. Tomemos una estrofa de tan hermosa composición: “Hoy resulta que es lo mismo / ser derecho que traidor..! / Ignorante, sabio, chorro, / generoso o estafador! / Todo es igual! Nada es mejor! / Lo mismo un burro / que un gran profesor! / No hay aplazaos ni escalafón, / los inmorales nos han igualao.”

Si todos advertimos que el populismo va desollando el tejido social que debía protegernos, pocos notan el cáncer que carcome nuestras entrañas.
 
Ese mal es la profunda distorsión económica y social de nuestro desarrollo histórico que maneja como títeres a comunicadores y trabajadores,  empresarios y políticos,  clérigos y pequeño-burgueses, haciéndolos percibir la realidad social como un caos donde el único camino posible es la búsqueda de la ventaja personal.

En lugar de ciudadanos, nos vemos y comportamos como habitantes de un territorio al que nada nos une, salvo la oportunidad de sobrevivir en su suelo cada día, mientras esperamos “un chance” para desgaritarnos, en yola o con un machete, “pedido” o con una beca, a otro lugar del mundo.
 
Quienes “invierten”, criollos o extranjeros, pretenden ganarse el 100% a los pocos meses –¡porque aquí nada es seguro!- y, ya que “lamentablemente nadie trabaja de gratis”, buscan ofrecer el salario mínimo posible para que no se les mueran los trabajadores de inanición en sus empresas.
 
Al menor temblor se suben los precios, y nunca bajan si las condiciones retornan al punto previo, ya que son los monopolios de distribución quienes fijan precios. Por eso el “terror al libre mercado” de esas mafias.

En educación y política brota a borbotones la pus de semejante engendro. Nos formamos como lobos feroces que al menor descuido devoramos al semejante. Nunca mantenemos la palabra empeñada.
 
Nos igualan como sinvergüenzas todos, ya que en la pocilga no hay diferencia. Aquí ya no hay ingenuos, conscientes estamos todos a donde vamos a parar. “Dale nomás! / Dale que va! / Que allá en el horno / nos vamo a encontrar!”

Cortesía de www.elcaribecdn.com

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