Introducción
Interesante la constatación de las reflexiones
o evaluaciones que se hacen post-Semana Santa
sobre los hechos acontecidos en ella. Hay,
ciertamente, un saldo positivo y otro
negativo. No pretendo ahora decir nada
nuevo. Mas bien hacer una síntesis de cuanto
he visto, oído y leído, al respecto.
1 SALDO POSITIVO. Podemos descubrir los frutos
positivos dejados por la Semana Santa, en
testimonios personales o comunitarios.
Citemos algunos:
a) Las felicitaciones, que los cristianos
intercambian entre sí en torno a la
Resurrección de Cristo, creando un ambiente de
alegría y de entusiasmo. ¡Felices Pascuas! ,
se dicen.
b) Expresiones que manifiestan bienestar y
estado de ánimo renovado: “He participado de
todas las celebraciones de Semana Santa.
Después de ellas, me veo fortalecido para
seguir luchando”. Como un eco, alguien
responde: “Lo mismo me ha pasado a mí”.
c) Los casos que externan su experiencia más
íntima, como el siguiente: “Me sentía hundida
espiritualmente, sin aliento para vivir.
Estaba apoyada en la ventana de mi casa,
cuando pasó un vía crucis. Una de los que
iban caminando me miró. Me parecieron los
ojos de Jesús, que me decían: Sígueme. Sin
mas, lo dejé todo y me uní a la marcha. Sólo
ese acto me cambió. Estoy nueva y he vuelto
con renovados bríos a mis prácticas
anteriores”.
d) La participación masiva de los
feligreses en los actos. De República
Dominicana sólo en la Arquidiócesis de
Santiago había más de 500 centros de cultos.
Me parece que el párrafo, con que El Caribe
cierra su reporte sobre Semana Santa en el
mundo, titulado “Concluye celebración”,
reproduce la realidad dominicana:
“Con una masiva asistencia a misas,
vigilias, representaciones de la Pasión de
Cristo y procesiones del Vía Crucis, millones
de cristianos de todo el mundo -incluyendo
Latinoamérica, Europa y Asia- concluyeron el
domingo las celebraciones de Semana Santa.
Tanto México como Bolivia y Perú recordaron
el calvario de Jesús con numerosas
escenificaciones que lograron conglomerar a
miles de creyentes” (17 de abril).
e) Las celebraciones llamadas Pascua
juvenil, con un claro sabor de fiesta
colectiva, reúnen miles de jóvenes en cada
Diócesis y rincón del país. Sólo en Moca la
pastoral juvenil reunió más de 2,500 jóvenes y
en Santiago, alrededor de 3,000.
f) Los bautizos de adultos, tenidos en la
Vigilia pascual, aportan a la vida nacional un
notable grupo de hombres y mujeres, que han
seguido durante meses un callado proceso de
transformación de sus vidas, que culmina con
el bautismo. Sólo en la Arquidiócesis de
Santiago se bautizaron la noche de Pascua 400.
g) Los conciertos pascuales, los “via lucis”
(camino de la luz) y otras actividades, que
tienen como objetivo prolongar los frutos
gozosos de la Pascua.
2 SALDO NEGATIVO. Igualmente de El Caribe (18
de abril) recojo esta información: “ En su
boletín final, dado a conocer ayer por el
Comité Nacional de Emergencia (CNE), se
reportó la muerte de 50 personas durante la
recién finalizada Semana Santa. 38 de estas
muertes fueron por accidentes de tránsito y 12
por ahogamiento”.
Una reflexión o evaluación, muy interesante
a mi modo de ver sobre este dato, nos ofrece
el columnista Pablo Mckinney, 17 de abril,
bajo el título “Sin utopías ni Dios” .
“De este regreso a las ciudades, lo que
decepciona es esa certeza de muertos que
acompaña cada lunes después de cada Semana
Santa.
Cincuenta muertos son muchos muertos, mucha
sangre derramada, y no en pos de un ideal de
patria o una familia y sus Paola. No. Se
trata, tristemente, del hombre perdido en sus
ocios, atrapado en las invisibles redes de una
sociedad que sólo apuesta al consumo, a "echar
la casa por la ventana"... hasta derribar el
santo balcón de su vida.
Cincuenta muertos son muchos muertos para
ser contados un lunes que debía ser de
bienvenida a la lucha cotidiana de esfuerzos
por conseguir la Milex de los hijos de cada
cual.
Pero, cuidado: Todo esto no es un asunto
exclusivo del ser dominicano, sino también y
sobre todo del hombre occidental. Sólo en
España, han sido 101 los fallecidos en 84
accidentes mortales.
El hombre de Occidente, huérfano de Dios al
que no ve, de utopías que ya olvidó, o de su
padre al que no conoce y sólo saluda entre
meses, va por la vida sin más Dios o utopía
que el consumo, que es lo que impone/enseña la
publicidad y sus mentiras.
3AMBIGÜEDADES. La Semana Santa,
indiscutiblemente, está ligada a la Iglesia
Católica, desde los orígenes del
cristianismo.
Sin embargo, en estos tiempos recientes, se
detectan tres grupos que parecen entrar en
competencia con las prácticas eclesiales o
aprovechan una realidad tradicional
establecida para fines propios:
a) La promoción comercial, en nombre del
“asueto” o “feriado” de Semana Santa, para
artículos relacionados con playas o centros de
diversión, es notable y palpable. Cierto que
la actividad comercial es legítima. Lo que
llama la atención es que se haga en nombre de
la Semana Santa.
Se comprende, por otra parte, desde el
punto de vista económico, que se insista en
esta promoción frente a esa clientela y que se
busque que aumente, ya que los que se quedan
simplemente en casa o van a la Iglesia no son
económicamente rentables: ellos no compran
esos artículos en esta época.
b) Hacer coincidir con la Semana Santa
algún tema religioso llamativo, que provoque
controversias, que sea vendible de alguna
manera. En el pasado se utilizó con mucha
frecuencia “el Juicio de Jesús”; el año 2005
el film de Mel Gibson, “la Pasión de Jesús”, y
este año Judas, partiendo de un documento ya
conocido del siglo II-III.
c) Algunos grupos, de confesiones
cristianas distintas de la Iglesia Católica,
en el pasado no sentían ningún interés por la
Semana Santa. Al contrario, la criticaban.
Desde hace un par de años se presentan tomando
temas católicos de Semana Santa o buscando
mezclar sus programas con los católicos. Como
es natural, esto trae confusión y muchos se
preguntan sobre el por qué de este cambio.
4OTRAS REFLEXIONES. a) Vale la pena no olvidar
la siguiente coincidencia: a medida que se va
perdiendo la participación en los actos de la
Semana Santa crece la criminalidad, la
violencia, la inseguridad, el consumo de
drogas, el narcotráfico, la corrupción y el
suicidio. Es evidente que hay que respetar la
opción de las personas que no se interesan por
dichas prácticas o las han excluido de su
sistema de vida. Pero no deja de llamar la
atención la coincidencia entre la disminución
de prácticas religiosas y la pérdida de
valores.
b) Otro dato que vale la pena igualmente
resaltar es el siguiente: los que hacen de la
Semana Santa realmente “un asueto religioso” o
“asueto reflexivo” no quedan muertos ni
heridos de entre ellos ni tienen accidentes de
tránsito.
c) Por otra parte, el costo para atender a
los que “van a la Iglesia” o simplemente “se
quedan en sus casas” es el mismo del
presupuesto ordinario de la Nación. En cambio,
según el informe del CNE el costo del
operativo “Pascua segura” 2006, puesto en
ejecución por varios organismos de prevención
del Estado, fue de 70 millones de pesos.
d) De otro lado, la cobertura que dan
normalmente los medios de comunicación al
“Sermón de las Siete Palabras” es notable.
Son muchos sermones de este tipo los que se
tienen en toda la geografía nacional, pero
dos de ellos, ambos tenidos en Santo Domingo,
tuvieron gran difusión y suscitaron variadas
reacciones y reflexiones.
Los predicadores, que fueron 14 en total,
coincidieron en su mirada a los diferentes
pobres e impotentes de la sociedad dominicana,
comparándolos con Jesucristo y sus enseñanzas
a partir de esas siete afirmaciones
pronunciadas por Él antes de su muerte en la
cruz. Es un grito profético anual de la
Iglesia, una voz que recoge la de aquellos que
no tienen voz para proclamar a los cuatro
vientos sus propios males.
No se puede negar que ese Sermón resulta
molesto para muchos, simplemente porque se
sienten causantes de pobreza o carecen de
sentido social; y tedioso para aquellos que
promueven o quisieran una Semana Santa de
“consumo”, solo de comodidades y liviandades
que contrastan grandemente, con la dura
situación de miles y millones.
e) Un clamor parecido, pero a nivel
universal, fue el del papa Benedicto XVI,
tocando diferentes problemas del mundo, entre
ellos “la plaga de los secuestros”, el
conflicto Irán-Occidente y para América
Latina, más concretamente, pidió que mejoren
las condiciones de vida y se consoliden las
instituciones democráticas.
f) Estas palabras solidarias con los pobres
van acompañadas en la Iglesia Católica de una
obra solidaria concreta: se promueve durante
la cuaresma una “colecta” denominada de “la
solidaridad” o “para los pobres”.
Es una llamada al desprendimiento
voluntario, ligado en muchas ocasiones al
ayuno o privaciones de cosas: lo ahorrado en
comidas o compras se dedica a esta colecta
común. Es una actividad realizada, de manera
discreta y callada, en las once diócesis del
país, sus más de quinientas parroquias y diez
mil comunidades sectoriales.
El fruto de esa colecta sirve en el período
post-Semana Santa para aliviar pequeñas
necesidades de miles de necesitados, hasta que
lleguen las grandes soluciones de fondo y
definitivas que han de promover el Estado
dominicano y los dirigentes nacionales de la
economía.
CONCLUSIÓN
Certifico que la Semana Santa 2006, con su
saldo positivo y negativo, ha dejado a los
dominicanos un material muy interesante para
reflexionar sobre su presente y su futuro. Doy
fe, en Santiago de los Caballeros, a los 21
días del mes de abril del año del Señor 2006,
viernes de la Octava de Pascua.
† Ramón Benito de la Rosa y Carpio es
Arzobispo Metropolitano de Santiago