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Concepto de
Pastoral Juvenil
La Pastoral Juvenil es la
acción de la Iglesia, por medio de la cual
ésta ayuda a los jóvenes a descubrir,
seguir, anunciar y a
comprometerse con Cristo y su mensaje, dentro
de una comunidad concreta hasta conseguir una
madurez tal que los capacite para optar
vocacionalmente en la Iglesia, en uno de los
estilos de vida (matrimonial, laical,
religioso o sacerdotal) que especifican la
respuesta y la opción personal; y
comprometerse históricamente en la liberación
del ser humano y de la sociedad, llevando una
vida de comunión y participación; integrando
su fe y su vida, se conviertan en agentes
privilegiados para contribuir en la
construcción de la “Civilización del Amor”.
Esta acción es un proceso de
acompañamiento que realiza la comunidad
eclesial, especialmente a través de la
presencia de asesores capacitados, para
el joven, con el joven y desde
el joven, para la comunidad, con
la comunidad y desde la comunidad. En
este proceso se crean las condiciones para que
el joven descubra y fortalezca sus relaciones
fundamentales de encuentro consigo mismo, con
los demás, con el mundo y con Dios.
Al hablar de “Pastoral
Juvenil” lo hacemos en dos sentidos: el
primero en relación a los destinatarios: los
jóvenes, es decir, aquella parte del pueblo de
Dios que comprende más o menos” entre los 16 y
24 años. El segundo sentido, en relación al
espíritu que debe animar a la Iglesia cuando
organiza una pastoral propia para la juventud,
ya que ella (la Iglesia) descubre en ésta un
signo de sí misma y el renovado comienzo y la
persistencia de la vida.
Como la Pastoral Juvenil debe
buscar que los jóvenes lleguen “al estado de
hombres perfectos, a la madurez de la plenitud
de Cristo en la Iglesia” (Ef, 4,13), ésta será
una pastoral de “ser”, en otras palabras una
pastoral que responda a la naturaleza misma de
la iglesia, concebida no ya simplemente como
una institución sino como un organismo vivo.
El “hacer” y el “tener” en la Pastoral Juvenil
ocupan un puesto muy secundario; el aparentar
debe ser totalmente expulsado. El “aparecer”
debe cumplir la norma de Cristo: “Para que
viendo sus buenas obras glorifiquen al Padre
que está en los cielos” (Mt 5, 16). |