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Docencia.
Al
régimen
se
le
reclama
el
4%
para
la
educación,
una
meta
que
no
ha
sido
posible
hasta
hoy.
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Santo Domingo.- Entre la barbarie y la civilización en que al parecer vive actualmente, a la República Dominicana quizá la salve abrazarse a la educación, que ha ayudado a otros países a liberarse del atraso, del crimen y a crear una clase profesional y trabajadora sólida.
Desde hace seis meses las ediciones de periódicos y otros medios de comunicación casi solamente se ocupan de los casos criminales que están ocurriendo como secuela de la penetración del narcotráfico, en culebrones novelísticos interminables.
El caso más reciente, que involucra al capo José Figueroa Agosto y sus asociados, es el dominante en este momento. Ninguno de los personajes envueltos en la trama tiene título universitario, no obstante que pertenecen a la clase acomodada del país. Las revelaciones que hicieron las autoridades el lunes son para abatir el ánimo de las personas decentes.
Durante años en que el capo Figueroa y sus asociados se movieron libremente en los estratos altos de la sociedad, rodeados de alguna gente de supuesta reputación, se estaba tejiendo una madeja de corrupción, narcotráfico y lavado de dinero, como hizo Escobar Gaviria en Colombia.
La serie de crímenes que han estado ocurriendo y que son ligados al caso de Figueroa Agosto, sumados a la cantidad incalculable de muertes de personas inocentes sorprendidas en medios de tiroteos, a los que produce la fuerza pública y los mismos ciudadanos civiles en riñas domésticas, han dañado el récord de respeto a los derechos humanos de la República Dominicana.
Hace algún tiempo, quizá observando el desdén por la educación y las buenas costumbres que caracterizaron al país, el ex dirigente reformista Fernando Álvarez Bogaert advirtió sobre el peligro de que el hedonismo, la vida fácil y el ocio lograran aposentarse entre los dominicanos, particularmente en la juventud.
Educación
es la clave
Aunque se le
reclama al
régimen el 4%
para la
educación y tal
meta no ha sido
posible hasta
hoy, la
educación parece
ser la clave de
ayudar a
enderezar al
país en el mal
camino que
lleva, abusado
por el
narcotráfico y
la riqueza
fácil, que al
parecer tienen
más poder que
todas las
prédicas morales
de todos los
púlpitos.
Si bien el país no ha podido alcanzar la meta de su 4%, al menos se están haciendo esfuerzos grandes para que los estudiantes pobres reciban libros, cuadernos y raciones alimenticias diarias en el desayuno escolar y la merienda vespertina.
A los estudiantes de escuelas públicas les dan los uniformes y las mochilas surtidas. A los más pobres que se presentan en las escuelas descalzos, se le suministran zapatos y a los padres bonos de Solidaridad que ayuda a sus familias a subsistir en épocas de dificultades.
A punto de dejar la presidencia de Chile, la presidenta Michelle Bachelet disfruta del respeto general de su país traducido en un 80% de aceptación, porque en sus casi cuatro años de gobierno, dedicó todo su esfuerzo a la parte social, la educación, la salud y la seguridad social en sí misma. Como resultado de ello la criminalidad ha disminuído.
Hace días el secretario de Educación dominicano rogó a los padres de los niños dominicanos que los mandaran a las escuelas tan pronto terminara el largo feriado de Navidad y Año Nuevo. Los maestros se presentaron a las aulas pero muchos padres no mandaron a los niños de las escuelas públicas a su quehacer.
En el caso de los colegios privados, seglares y religiosos, el incumplimiento fue mayor porque salvo excepciones, los directivos de los mismos fueron quienes dispusieron extender el asueto, impulsados por la mala práctica de conectar los días feriados con los fines de semana, para el deleite en bebederas y ocio.
Mientras los estudiantes de un pobre país como la RD no asistieron a sus clases a tiempo tras las fiestas, los estudiantes de Nueva York, ahora una de las ciudades más seguras de los Estados Unidos, estaban en sus aulas el pasado lunes 4, en el reinicio de las clases, pese a la ola de frío que azota a ese país.
La campaña constante que impulsa el secretario Melanio Paredes para que los niños dominicanos asistan a la escuela, no permitiría que se cumpla la meta de 1000 x 1000, fundamentalmente mil horas de clases.
Si se cumpliera esa meta, se verían los resultados a corto plazo cuando se llame a las pruebas nacionales, un dolor de cabeza anual, aparte de que los escolares estarían menos en las calles.
Lucha
contra la
barbarie
La lucha
entre la
civilización y
la barbarie no
solamente se
refiere al
aspecto de la
educación, sino
también a la
falta de
civilidad que se
ha extendido
entre los
dominicanos,
muchos de ellos
deseosos de
distanciarse de
los haitianos,
pero imitando
las prácticas
que la pobreza y
el abandono de
aquel país les
ha impuesto.
A mi llegada a Puerto Príncipe en 1983 para ocuparme de la posición de embajador, entre las preguntas que hice a la servidumbre de la embajada, fue que en qué lugar se depositaba la basura. La respuesta fue muy simple: “en el solar más cercano”. En la capital de Haití no había en esa época servicio sanitario.
Aquí antes de 1961 el servicio funcionaba perfectamente y había hasta una incineradora en la parte media de la ciudad. Los dominicanos se sentían orgullos de la limpieza de la capital hasta el extremo que muchos propensos al ditirambo, la llamaban la ciudad más limpia de América.
De aquello queda poco. Mientras en New York la zona de Times Square, en la cual un millón de personas recibió el año 2010 hace pocos días, estaba limpia de confetis y desperdicios a las 6:00 de la mañana, para recibir a los que vendrían a desayunar y a pasear por el área, Santo Domingo lució sus mejores galas del sucio hasta cuatro días después del año nuevo.
Los contribuyentes que tuvieron que cumplir con el deber de llevar sus muertos al Cementerio Cristo Redentor, de por sí una de las instituciones más descuidadas del Distrito Nacional, vieron montones de basura acumuladas a todo lo largo de las vías que conducen a ese olvidado camposanto, víctima de la desatención municipal y antro de delincuentes.
Los cubanos tienen computarizados sus principales cementerios, Colón en La Habana y Santa Ifigenia, en Santiago de Cuba.
En este último, donde está sepultado el padre de la patria José Martí, la limpieza, el orden y el silencio superan el ambiente de los cementerios públicos o privados de los Estados Unidos.
El caso de la Plaza de la Bandera y de la Plaza la Trinitaria, denunciados por toda la prensa escrita y de televisión es otro ejemplo de las señales de la barbarie a que se hace referencia.












